Viernes, 22 de marzo, 2019 | 12:02 pm

Dilema ético



La difusión masiva de la imagen de una radiografía, atribuida a un paciente que llegó por emergencia del hospital Francisco Moscoso Puello el día 2 de enero, plantea una situación que aprovecho para escribir de moral y ética.
Antes, sin embargo, recurro al diccionario de la Real Academia –al alcance de todos por tratarse de la versión en línea– para que nos entendamos en castellano.

En una de las varias definiciones que incluye bajo el término, dice el diccionario de la RAE acerca de moral: “perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva”.

Y en cuanto la ética, dice: “conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”.

En pocas palabras, lo ético consiste en la moral llevada a la práctica, de la que ya hemos visto que contiene las pautas del bien y del mal.

Sobre la moral personal flota una moral social, que no es más que la moral de los sistemas sociales dominantes. Es a esta a la que suele referirse el que valora un hecho para decir que es ético o antiético.

¿Y la de quien ha tomado la foto a la radiografía supuestamente vinculada a un paciente del hospital Moscoso Puello? ¿Es ética o antiética su acción? Ética, sin duda, si la vemos en el marco de la moral personal; esa es su moral y la aplicación, su ética; antiética en el marco de la moral social, a la que debemos atribuirle un juego de valores y de normas jurídicas suficientes para proteger la integridad física y moral, así como los intereses de individuos y de grupos.

Si hay una norma, como puede serlo el párrafo “e” del artículo 28 de la Ley General de Salud (Ley 42-01), que le pueda ser aplicada al hospital, o el artículo 1386 del Código Civil, la ética como hecho social tiende a predominar sobre la ética como aplicación de la moral personal.

Si por alguna razón estas normas no pueden ser aplicadas como recurso para la reparación del daño que se le pueda haber causado a una persona, no nos queda otro camino que aguantarnos la ética de la persona que no pudo resistirse al impulso de dar a conocer lo insólito sin que nada en su conciencia le sirviera de freno.

La moral y la ética, marginales a veces, encuentran naturalezas afines con las que se articulan y sostienen. En la cueva de Alí Babá, para que nos entendamos, todos, incluido el intruso, participaban de estos valores (antivalores dice el pensamiento vertical) capaces de justificarse en sus hechos.

La ética en la red tiende a ser la ética en una cueva de bandidos.

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