Difusa línea entre el bien y el mal
Una persona, que se identificó como un nuevo dirigente del PRSC, llamó ayer a este periódico para denunciar que un candidato a diputado no le cumplió con darle dinero para que él y su gente fueran a votar.
Lo planteaba como si estuviera haciendo el más justo reclamo del mundo y que por eso, entendía, los medios debían denunciar al candidato incumplidor.
Lo preocupante del caso, y por eso este comentario, es que la persona en cuestión sentía que era lo más natural recibir una paga por su actividad electoral a favor de alguien.
No sentía ningún remordimiento y mucho menos pesar por hacer algo inmoral como reducir el voto a un simple intercambio mercurial.
Estamos frente a un simple ejemplo de lo bajo que ha caído la actividad política en el país y de cómo el clientelismo se ha entronizado en nuestra sociedad.
Los niveles de perversión han llegado tan lejos que el intercambio de dinero por voto o simpatías se tiene como un derecho, que incluso se puede reclamar públicamente.
Se ha perdido la noción de lo bueno y lo malo. La conciencia se adormece, mientras el cáncer social crece.
Esa misma reflexión la podemos hacer en otros ámbitos sociales. Eso explica que hasta autoridades entienden que pueden cometer actos ilíticos y hasta vincularse al crimen organizado y lo ven como algo natural.
Hay razones para preocuparse, pues cada vez abundan más los que piensan y actúan como este nuevo dirigente.