Diablos cojuelos impresos en Oklahoma: la tradición dominicana que no se apaga

Diablos cojuelos–

OKLAHOMA — En este taller familiar no huele a barro recién moldeado ni a papel maché húmedo. Huele a resina y a pintura acrílica. Sobre una mesa, un diablo cojuelo con cuernos afilados y sonrisa retadora acaba de salir de la impresora 3D.

Diablos cojuelos impresos en Oklahoma: la tradición dominicana que no se apaga

No está ubicado en La Vega ni en Santiago. Está en un rincón de Oklahoma, lejos del Caribe, donde la cultura de República Dominicana es casi invisible. Y ese es exactamente el punto.

Es ahí donde Juan Pablo Gómez Badía fabrica caretas tradicionales de diablo cojuelo con un propósito muy claro: que sus raíces dominicanas no se pierdan en el olvido.

Raíces en tierra ajena

Juan Pablo nació en Santiago, República Dominicana. Creció entre el bullicio del Carnaval, las vejigas y las máscaras. Al mudarse a Oklahoma se encontró con silencio: poca comunidad dominicana y pocos espacios donde esa tradición tuviera lugar.

“Viviendo aquí, donde casi no se ve nuestra cultura, busco la manera de mantenerla viva”, dice. Su herramienta: un taller con impresoras 3D. Su aliado: el arquitecto dominicano Manuel Alexander Morel.

Luma-Isla Studios

Diablos cojuelos impresos en Oklahoma: la tradición dominicana que no se apaga

Luma-Isla Studios es un taller familiar creado para llevar la cultura dominicana a regiones donde apenas se conoce, asegura Juan Pablo.

Más allá de las piezas individuales, también aceptan comisiones personalizadas para quienes buscan algo único. A largo plazo, su sueño es ampliar el componente educativo del proyecto.

“Queremos mostrar que la tecnología no es enemiga de la tradición, sino una de sus aliadas más fuertes, ayudándola a viajar y llegar a lugares donde antes no podía llegar”, afirman.

Innovar no es cambiar la cultura

Diablos cojuelos impresos en Oklahoma: la tradición dominicana que no se apaga

Desde Santiago, Manuel Alexander Morel diseña cada careta en 3D con un trazo más contemporáneo. En Oklahoma, Juan Pablo Gómez Badía hace el trabajo manual: imprime, lija, pinta a mano y sella cada pieza. El resultado es una máscara más ligera y resistente que una tradicional, pero con el mismo carácter.

“Innovar no es cambiar la cultura; es darle nuevas maneras de expresarse. Eso define perfectamente lo que estamos haciendo juntos”, coinciden.

Porque en esas caretas hay algo que va más allá de lo visual: cargan historia, carácter e identidad. Y en la búsqueda de mantener su cultura viva, ambos artistas decidieron una cosa: la distancia no apagará sus raíces.

Sobre el autor

Patria Vizcaino

Es una comunicadora dominicana radicada en Oklahoma. A través de sus crónicas y reportajes documenta las historias de éxito y resiliencia de la diáspora.