“Día por día”

El chisme, esa murmuración cierta o falsa expresada usualmente para indisponer personas entre si, tiene una valiosísima función social. Al chismoso le temen; es peligroso…

Los virtuosos encuentran en el tortor de la maledicencia un incentivo negativo para evitar caer en boca del chismoso o afectar con dudas su honra y su fama.

La falta de aprecio por el honor y el prestigio incentivan muchísimas inconductas, especialmente entre malandros tan urgidos de dinero que saldan su búsqueda pagando con algo tan inapreciable como la reputación.

Con el asunto de si la corrupción y la impunidad pueden o deben combatirse con auxilio de la DGII, Aduanas y otras similares dependencias oficiales, ¿no sería maravilloso si el chisme –eufemísticamente designado “rumor público” para fines judiciales— informara a fiscales y jueces para iniciar u orientar sus pesquisas? Pero nadie se atreve. Tirar la primera piedra es difícil.

Consecuencias malas y ningún beneficio. ¿Somos todos corruptos como decía Herrera? No creo. Pero sí bastante pendejos porque, ¿hasta cuando el silencio de tantos encubrirá lo malo?

Sobre el autor

José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.