Después no nos quejemos

La verdad sea dicha: dejan mucho que desear los pobres resultados que obtenemos en la educación pública nacional.

Ahora bien, hagamos un ejercicio de justicia y de ubicación de responsabilidades.

Nos quejamos de las deficiencias atribuidas al Estado y a los gobiernos de turno. Pero pecamos de excesiva indulgencia cuando se trata de cuantificar la responsabilidad de los padres de familia.

La ejemplar lucha por el 4% del PIB para la educación arrojó sus frutos y el mérito mayor fue de la población, pero también debemos reconocer que el Gobierno también hizo su parte al atender el reclamo público.

Nos quejamos por la carencia de aulas y las escuelas en mal estado, y el Gobierno está construyendo planteles a un ritmo digno de encomios.

Desde mucho tiempo atrás se reclamaba una revisión salarial para los maestros. El Gobierno ha atendido esa demanda, en la medida de sus posibilidades.

Pero también el Gobierno ha hecho una campaña para que, al iniciarse las clases después de las vacaciones de Navidad y Año Nuevo, los alumnos acudan a las aulas para aprovechar al máximo las horas disponibles para la enseñanza, con el triste resultado de que los padres no han puesto de su parte para que sus hijos acudan a los centros educativos.

Las aulas permanecieron prácticamente vacías en el primer día de clases.

Así no se puede.

Si exigimos al Gobierno, también hagamos todos nuestra parte. Todos somos responsables de los pobres resultados obtenidos en la educación pública a nivel nacional.