Después del petróleo

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Federico Alberto Cuello

El fin de la era del petróleo está a la vuelta de la esquina. Sólo faltaba una hoja de ruta. Desde mayo 2021 la tenemos: el reporte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sobre la neutralidad en las emisiones de carbono para 2050 (https://www.iea.org/reports/net-zero-by-2050).

No será posible frenar el cambio climático sin descarbonizar el mundo –esto es, sin alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbono, acordada en la Cumbre de París del 2015.

Para ello, el reporte de la AIE propone suspender la exploración de nuevos yacimientos petroleros inmediatamente, las ventas de carros de gasolina y gasoil para 2035 y la generación eléctrica con carbón y petróleo para 2040 y con gas natural para 2050.

Descarbonizar el mundo no significa paralizarlo sino sustituir rápidamente las fuentes contaminantes de energía por alternativas limpias como el sol, el viento y el hidrógeno, crecientemente utilizadas en la generación eléctrica, la industria, los transportes y la climatización de residencias y oficinas.

Todo esto acompañado de mayores esfuerzos de conservación y seguridad energética, para así desvincular el crecimiento económico de la demanda de electricidad.

Abandonar el petróleo para generar o almacenar energías alternativas –sea en baterías o en tanques de hidrógeno– elevará la demanda de bauxita, cobalto, grafito, litio, platino, titanio y “tierras raras”. Son minerales críticos, al estar disponibles en pocos países y al ser requeridos para fabricar baterías, molinos de viento, paneles solares y pilas energéticas.

Otros, como el cobre –para cables de transmisión– y el níquel –para baterías– confrontan restricciones de oferta luego de casi una década de bajas inversiones, justo cuando la demanda parece entrar en un nuevo súper ciclo de precios como aconteció en transiciones tecnológicas anteriores.

La demanda de estos minerales crecerá entre 700 % y 4,200 % por efecto del proceso de descarbonización. A pesar de los avances tecnológicos, extraerlos es altamente contaminante.

Por su limpieza y menor costo, también tienen un futuro promisorio materiales compuestos como la fibra de carbono –mejor conductor y más barato que el cobre– y el grafeno, esencial para la electrólisis eficiente del hidrógeno y para evitar la corrosión de los tanques que lo almacenarán y los gasoductos que lo transportarán.

RD está limpiando su matriz de generación. Tiene pendiente sin embargo descarbonizar la industria, los transportes y la climatización de edificios y hogares, así como eficientizar la transmisión y desvincular su crecimiento económico de la demanda de energía.

Tenemos reservas de bauxita y níquel. Extraer minerales críticos necesitaría concesiones de exploración y la aceptación difícil de un público celoso de sus áreas protegidas.

Informes recientes valoraban las baterías usadas en US$404 millones al 2019, esperando un crecimiento de 19.6% anual. Reciclándolas con tecnologías de la economía circular podremos recuperar minerales críticos para concurrir rentablemente y sin contaminación en un mercado mundial en alza.

Producir materiales compuestos como la fibra de carbono y el grafeno permitirá además almacenar y transmitir con eficiencia la energía.

Superar la era del petróleo reordenará la geopolítica. Posicionémonos desde ya para maximizar las oportunidades y minimizar los desafíos, atrayendo inversiones en las actividades prioritarias identificadas.

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