Despilfarro incalificable
Una de las críticas más consistentes y fundamentadas que se le han hecho a la administración del presidente Fernández es la que se refiere a la abultada nómina de funcionarios y empleados públicos. Lamentablemente, el Gobierno permanece imperturbablemente sordo a los reclamos de la ciudadanía para que la deseada austeridad comience por una reducción de los puestos innecesarios.
La gente no se ha olvidado de la gran cantidad de subsecretarios que han sido designados en distintas ramas de la burocracia, para no hacer nada, aparte de cobrar inmerecidos salarios.
Pero cuando los pelos se le ponen de punta al más sereno de los mortales es al enterarse gracias a un enjundioso y minucioso reportaje publicado en el fraterno diario Hoy, en su edición del viernes pasado- de los gastos enormes, pero superfluos, en que incurre nuestra Cancillería.
¿Qué explicación razonable puede haber para justificar 64 personas en el consulado en Nueva York, o cuarenta y siete con rango diplomático en la Misión dominicana ante las Naciones Unidas? Los 37 empleados del consulado en Miami, si asistieran todos los días a su trabajo, estarían tropezando uno con otro en los pasillos. También parecen excesivos los 32 servidores en la Misión ante la OEA, y los 23 de la embajada en Washington.
¿Cuánto representa toda esa multitud en términos de dólares? Millones. Pero eso no parece importar mucho. Somos un país con grandes carencias, pero no perdemos el caché, y por eso contamos con una de las representaciones más numerosas, si no la más, en el ámbito de la diplomacia internacional. Aunque aquí nos esté llevando el diablo.