Desde mi escritorio

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Contar hasta… tiene que convertirse en un hábito
Las estadísticas son claras y contundentes al referirse a las muertes por infarto y otros males relacionados al corazón que proliferan en esta sociedad moderna del aceleramiento.

Correr de aquí para allá, manejar en esta selva de cemento, tener más de un trabajo y cumplir con las responsabilidades sociales y familiares es casi una odisea, día a día. Por esto, al llegar a casa, la tensión nunca nos abandona.

Si a esto le sumas las horas que pierdes en las empresas que han hecho del mal servicio su carta de presentación, el antiguo consejo de “contar hasta diez” tendrá que transformarse y mezclarse con otro muy conocido, pero recomendado para dormir… ya tendremos que contar ovejas para no desesperarnos.

En momentos en que las economías están colapsando, los centros de servicio al cliente y las “incómodas” centrales de atención de las empresas, que más que ganar tiempo te lo hacen perder, no dan abasto y el personal es poco preparado para ayudar a quien desea resolver el problema que le afecta.

Como nada, si llamas o vas, puedes perder tu valioso tiempo y no lograr que se solucione la situación. Todo esto se debe a que nosotros, los consumidores, estamos desprotegidos. La solución está en ejercer nuestro derecho a la elección… si alguien no nos cumple, no dudemos en cambiar, cruzando los dedos para que la otra compañía no nos haga lo mismo o peor. Nos queda contar hasta cien, llamar al Chapulín Colorado y persignarnos.