Desde mi escritorio
Cada persona es la responsable de su vida
Todos los días nos topamos con personas que tienen la ferviente creencia que los demás deben ayudarlos a resolver sus problemas. Esto es muy común en los ámbitos familiares y de amistad.
Por una u otra razón, a veces creemos que tenemos la obligación o el deber de ayudar y ser solidarios con los menos afortunados, más si sentimos ciertos afectos por ellos, pero esto es un arma de doble filo y se nos puede devolver como un bumerán.
Sin embargo, el caso es peor cuando el otro piensa que eres tú quien debe recoger sus platos rotos y pegarlos, como si fueras el causante de estos males, simplemente porque no quiso aprender a medir las consecuencias de sus acciones y decisiones.
Tenemos que tener cuidado, pues al ser generosos corremos el riesgo de que nos tomen por tontos y abusen de nuestra buena voluntad. Para todo en la vida hay límites… y para ser más felices debemos aprender a reconocerlos para nosotros y los demás.
Para mayor amistad, mayor claridad… dicen por ahí. Todos, sin importar el lazo que nos une al otro, debemos entender que cada quien tiene sus propios problemas y situaciones que resolver y reconocer que somos personas independientes con cruces diferentes que cargar.
El asunto no es ser indiferente, es simplemente aprender a reconocer cuando el otro quiere abusar de uno.
Dos amigos, en tiempos diferentes, me dijeron que mientras estemos siempre ahí prestos a solucionar los embarres de los demás, ellos seguirán tocando tu puerta hasta que le pongas un alto.
Lo mejor es tratar de que el otro entienda que los demás no podemos ni tenemos la obligación de solucionar sus problemas, sí podemos aconsejarlos, pero si es caso perdido… solo nos queda apartarnos del camino para no ser arrastrados al precipicio que han creado para ellos.
