- Publicidad -

Descansan desde hace doce años las cenizas del fraile Vicente Rubio en el Convento de los Dominicos

  • Su vocación académica lo llevó a ejercer la docencia como catedrático en varias universidades

Por : Virgilio Lora Gómez

Desde hace doce años reposan en el Convento de los Dominicos las cenizas del fraile dominico Vicente Rubio, destacado religioso, intelectual e investigador. A lo largo de su vida pastoral se desempeñó como vicario y fue fundador de la parroquia Santo Tomás de Aquino, donde residió durante muchos años.

Su vocación académica lo llevó a ejercer la docencia como catedrático en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), institución de la cual fue fundador, así como en el Colegio Calasanz y en la Escuela Normal de Varones del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino.

Las investigaciones históricas de Vicente Rubio sobre la época colonial de la isla Hispaniola lo condujeron al Archivo General de Indias, en Sevilla; a la Biblioteca Nacional de París; y al Archivo Secreto del Vaticano. En estos centros documentales descubrió e interpretó fuentes fidedignas que le permitieron reconstruir aspectos fundamentales de los primeros años de la ocupación europea en América, con especial énfasis en quienes se establecieron en Santo Domingo.

Dedicó, además, incontables horas al estudio de la defensa de los derechos de los pueblos originarios de la isla, encabezada por los frailes dominicos Antón de Montesinos y Bartolomé de las Casas.

Combativo, estudioso, perfeccionista, observador, profundo, incansable, tenaz, riguroso y pragmático son algunos de los adjetivos que describen la personalidad de este sacerdote católico. Vicente Rubio nació el 11 de febrero de 1923 en Béjar, Salamanca, España.

Miembro de la Orden de Predicadores, residió en la República Dominicana durante más de cincuenta años. Desde su llegada, no dudó en enfrentar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina a través de su prédica y de sus escritos.

En tiempos recientes se ha resaltado su participación en la célebre carta pastoral leída en todas las parroquias del país el 21 de enero de 1960, con motivo de la festividad de la Virgen de la Altagracia, en la cual se denunciaban los apresamientos, torturas y muertes que evidenciaban el carácter inhumano del régimen trujillista.

El sacerdote falleció el 6 de enero de 2006, a los 83 años de edad, tras padecer quebrantos de salud, en Villava, Navarra, España. Doce años después, el 6 de enero de 2018, sus amigos y hermanos de comunidad le dieron el adiós definitivo al depositar sus cenizas en el lugar donde siempre quiso reposar: el Convento de los Dominicos, en la Zona Colonial de la ciudad de Santo Domingo.

Etiquetas

Artículos Relacionados