Desbordamiento
Mucha agua desborda los ríos y cunetas. Igual pasa con el abuso de la capacidad de cualquier canal, sea pluvial, ribereño o algún medio de comunicación como las redes y plataformas sociales, la prensa, radio o televisión. Para seguir con el símil, sin agua la existencia humana es imposible, pero un tsunami o inundación, por ciclón o desborde de presas, arrasa con vidas y propiedades.
Estamos padeciendo las consecuencias de la pésima regulación jurídica y social para evitar los daños que trae el ahogamiento de la opinión pública por injurias, difamaciones, infamias, vulgaridades, chantajes y extorsiones, que crecen incontroladamente por la flagrante impunidad de sus perpetradores.
Esa falta de consecuencias resulta por la laxitud de los tribunales al conocer los pocos casos de sometimiento judicial iniciados por las víctimas. Pero también por la irresponsable incuria del Ministerio Público, que en los casos que atacan el honor y buen nombre del Presidente u otros funcionarios, debe actuar de oficio (¡independientemente!) para investigar las denuncias o someter a los reconocidos y reincidentes difamadores.
Por muchos años funcionarios y empresarios han alimentado a sus fieras favoritas para que ataquen a adversarios o competidores. El negocio ha sido tan próspero que esas ratas son hoy dragones que se creen incontrolables e intocables.
El domingo el arzobispo coadjutor de Santo Domingo, Carlos Morel Diplán, clamó por responsabilidad al lamentar el deterioro ético y moral en los medios. “Hace rato que perdimos el respeto”, dijo. Si las autoridades, los fiscales, las víctimas y la gente decente no reaccionan, perderemos mucho más, más pronto de lo imaginado. ¡Hace falta macana legal! O una tormenta limpiará las cloacas y alcantarillas…