Desarrollo preescolar depende de los padres 

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Santo Domingo.-Si bien la educación a nivel preescolar ofrece programas basados en técnicas pedagógicas y psicológicas que favorecen el desarrollo del niño de 3 a 5 años de edad, la ayuda de los padres es fundamental para lograr una integración social adecuada en lo emocional, intelectual y físico.

De acuerdo a María Teresa Pérez Mancebo, psicóloga y maestra del colegio Vencedores en Cristo, los padres modernos saben que los jardines de niños son centros ideales en los que sus hijos adquieren destrezas y conocimientos básicos para su formación, además de que facilitan la convivencia con otros pequeñines de la misma edad, pero también están conscientes que ellos juegan un papel activo en la labor de aprendizaje, actuando como otros maestros.

Trabajar en conjunto

Pérez manifestó que los progenitores son determinantes para que el niño aprenda el manejo del lenguaje, desarrolle capacidades comunicativas, se relacione con sus semejantes, cuente con adecuada autoestima y aprenda valores como amistad, responsabilidad y solidaridad.

“Esto puede parecer agobiante, pero lo cierto es que mamá y papá cuentan en la práctica con la enorme ventaja de que los pequeños de entre 3 y 5 años se valen de dos factores para relacionarse con su entorno, imaginación y juego”, dijo.

En la convivencia

Dijo que de este modo el trabajo es mucho más sencillo y forma parte de la convivencia cotidiana. Lo único que requieren los padres es aprender cuáles son las necesidades de sus hijos en estos años para saber cómo actuar y en qué forma apoyarlos.

Niños de tres años

La maestra destacó que el juego es una actividad natural, libre y espontánea que permite al niño satisfacer necesidades vitales, como explorar, aventurar, moverse y expresar sus sentimientos, es decir, representa la vía más importante para descubrir y entender el mundo.

Simplemente, el juego es para un infante lo que el trabajo para un adulto, un medio de satisfacción y desarrollo personal, así como un desafío a las capacidades propias.

En concreto, un infante de tres años se muestra más sociable y disfruta la compañía de otros , a pesar de las riñas que surgen y que desesperan a los padres, pero es precisamente a través de esto que aprende a compartir juguetes, lugares, reglas y normas.

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