- Publicidad -

- Publicidad -

La desaparición de hijos es experiencia traumática que impacta seno familiar

Yanet Féliz Por Yanet Féliz

La desaparición y consecuente pérdida de un hijo es una experiencia traumática que afecta significativamente el bienestar y la salud de sus progenitores, en ocasiones puede provocar que estos se separen o que alguno pueda quedar ensimismado, es decir perder la capacidad gestionarse de manera asertiva.

Esa reflexión la hizo Zohainne Vásquez, neuro psicóloga (M. A.), al ser abordada sobre el impacto que puede acarrear a los padres la desaparición repentina de un hijo, como es caso de la familia de Jarabacoa desde pasado 30 de marzo, que mantiene en ascua a sus familiares, y la recién desaparición de la turista hindú en un hotel de Punta Cana.

“Ante el trauma tan fuerte se puede dar que la personas (padres) evadiendo la realidad  pierda alguno hasta el sentido de la realidad misma, creer que su hijo (a) sigue vivo en algún lugar, en   estado extremo perder el sentido de la realidad, como sentido de defensa para no tener que gestionar el dolor”,  explicó la especialista, encargada del Departamento de Bienestar del Ergos Bilingual School.

Te puede interesar leer: Para enfrentar violencia social hay  que resolver causas que la generan

La situación también provoca inestabilidad en el seno familiar, y en muchas ocasiones los padres  por lo generar terminan alejándose como parejas por los conflictos que surgen.

“Es antinatural que los padres tengan que pasar por esta experiencia y esa es la primera razón por la cual el consuelo es prácticamente inexistente”, consideró Zohainne Vásquez.

Dijo que incluso la muerte misma de un hijo, a pesar de lo desgarrador del hecho, es un evento que permite concretamente el inicio del duelo. Sin embargo, la desaparición deja espacio para el posible reencuentro, no sin antes atravesar por la tortura misma de suponer el peor de los escenarios y con ello el deterioro de sus facultades a nivel físico, psicológico y emocional.

Consecuencia

Entre los efectos que pueden ser experimentados tras esa experiencia, la neuro psicóloga resaltó que las personas pueden  padecer ansiedad, desesperación, hipervigilancia, confusión, irritación y frustración crónica.

Dijo que es importante destacar que en lo que refiere al dolor emocional, este puede ser percibido como un dolor físico, ya que puede activar las mismas áreas cerebrales y así aumentar la percepción de dolor, por lo que no sería extraño experimentar dolores en los dientes y encías, en las articulaciones, cuello, estómago y sensación de fatiga, entre otros.

Acompañamiento

La profesional afirma que todos los días ocurren situaciones de esa naturaleza, y puso como ejemplo el caso de Estados Unidos, donde todos los días activan la “alerta ámbar” y siempre prima las 24 son clave para dar con la posible ubicación del o la desaparecida.

“De lo contrario se pierde la pista por mucho, y que eso ocurra es difícil en la medida que va pasando el tiempo o que lo encuentren con vida”, externó Vásquez quien afirma que al igual que cuando a alguien le da un infarto y en las 72 horas no se resuelve, se pierden las esperanzas.

Expresó que lo que prima en esos casos cuando se vive una experiencia de ese tipo es tener una buena red de apoyo, pero son las personas afectadas las que deben tener la voluntad de busca ayuda psicológica porque  cuando se la imponen no la reciben abiertamente.

A parte de la red de apoyo, lo importante según la psicóloga es que los familiares estén ahí, lo oportuno es que sean las personas que viven ese duelo que busquen opciones positivas.

ALGO MÁS

Según la Asociación Dominicana de Familiares Desaparecidos (Asodofade) República Dominicana ha registrado 2,242 personas desaparecidas entre junio de 2022 y febrero de 2025.

Etiquetas

Artículos Relacionados