Domingo, 16 de junio, 2019 | 7:07 pm

“Demócratas” de mentira



En muchas ocasiones me he referido a los que abrazan “principios asigún”.

Por ejemplo, critican que un partido político tenga la hegemonía electoral dentro de un régimen democrático en el que ellos son incapaces de alcanzar algún tipo de representatividad, pero celebran el partido único de Cuba.

Le exigen más niveles de criticidad a la prensa contra el “statu quo” de aquí, pero justifican el asedio del régimen de Nicolás Maduro a la prensa cuestionadora de Venezuela. Esos mismos justifican la represión violenta, matando opositores, en la misma Venezuela.

Le buscan explicaciones a la persecución a opositores, periodistas y sacerdotes en Nicaragua por parte de un gobierno sandinista que dirige un Daniel Ortega que ahora tiene tanta o más sangre en las manos que la que tuvo Somoza.

He escuchado alabar que Evo Morales haya desconocido un referéndum en el que la población le dijo no a una reforma constitucional para establecer la reelección y haya puesto a un tribunal a disponerla de manera indefinida.

Esos mismos los escucho decir barbaridades de la reelección aquí y de los escarceos para restablecerla en el país.

Para un verdadero demócrata el partido único está mal allá o aquí.
Para un verdadero demócrata matar opositores está mal allá o aquí.
Para un verdadero demócrata el asedio a la prensa crítica está mal allá o aquí.
Para un verdadero demócrata buscar eternizarse en el poder está mal allá y aquí.
América Latina ha vuelto a los tiempos de las dictaduras y las complicidades.

Venezuela, Nicaragua y Bolivia viven bajo sangrientas dictaduras, la diferencia es que sus crímenes y desmanes son cometidos por regímenes que cuentan con las simpatías de esos “demócratas asigún”.

De izquierda o de derecha, las dictaduras son despreciables.

Las tiranías de ahora han servido también para desenmascarar a muchos farsantes que exhiben la figura del Che Guevara, usan ropa kaki, hablan de socialismo, pero que en verdad su simpatía o antipatía del chucho depende de la mano que lo blande, aunque sea para lacerar el mismo cuerpo: el pueblo.

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