Democracia para Cuba

Raúl Castro recién anuncia que dejará la Secretaría General del Partido Comunista Cubano para dar paso a nuevos dirigentes.

Con esa decisión se cierra el capítulo de los Castro en la conducción del liderazgo cubano y podría ser el punto de partida para la instauración de una verdadera democracia en esa isla.

La imposición de un partido único, el impedimento de la disidencia y la gran cantidad de presos políticos ha durado demasiado tiempo.

El nuevo liderazgo cubano tiene la oportunidad de introducir los cambios sistémicos necesarios para que se establezcan libertades tan clásicas como la de expresión o la de asociación.

Hasta los aliados de Cuba en sus respectivos países critican cualquier asomo de la supremacía de un sólo partido político, aunque sean tímidos al referirse a la barbaridad de imponer a la fuerza un partido único en Cuba.

El nuevo liderazgo de esa nación tiene la responsabilidad de encaminar al pueblo cubano por la democracia, de lo contrario sería una prolongación de los mismos modelos, quedándose atrapados en el pasado y en la dictadura.

El liderazgo mundial también tiene la obligación de reenfocar su accionar frente a Cuba y el pueblo cubano.

Estados Unidos debe restablecer los acercamientos propiciados durante la presidencia de Barack Obama, pero suspendidos por Donald Trump.

A Cuba se le debe permitir el libre desarrollo de su economía como a cualquier otra nación de la región, aunque se mantengan sanciones directas a los responsables de ahogar la democracia.

La salida de Raúl Castro de la Secretaría General del Partido Comunista Cubano brinda la oportunidad del surgimiento de aires democráticos impulsados por sus sucesores.