Del periodismo de ayer al de los intereses de hoy

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Las comparaciones de determinadas cuestiones siempre resultan complicadas, debido a las diferentes variables que intervienen, sobre todo si se trata de épocas diferentes, en vista de que la propia dialéctica marca el ritmo de las cosas y de las personas.

El filósofo griego Heráclito, a través de su conocida frase de que “nadie se baña dos veces en un mismo río”, intentó explicar que todo cambia y nada permanece en el mundo.

Aunque consciente de eso, mis preocupaciones académicas y profesionales me llevan a caer en una comparación acerca de las formas de cómo se ejercía el periodismo décadas atrás y la forma de hacerlo en la actualidad.

Tomaremos como punto de partida una información recogida la semana pasada por los principales medios de comunicación del país.

La referida información, atribuida a una publicación estadounidense y publicada el miércoles 19 de diciembre, señalaba que de acuerdo a “informaciones de ABC News, medio que tuvo acceso a documentaciones correspondientes al Departamento de Justicia de Estados Unidos, Danilo Medina recibió asesoramiento y asistencia durante su mandato de parte de Brian Ballard, quien también orientó a Donald Trump”.

Ese mismo día, periodistas que cubren las incidencias del Palacio Nacional abordaron sobre esa cuestión al ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, quien respondió a la pregunta de manera “filosófica”, sin referirse al “lobbista”, sino a la actividad de “lobbismo”; que gramaticalmente se trata de conceptos diferentes.

Ante la pregunta de una joven reportera que labora para la televisión, en la que nunca mencionó el nombre de Brian Ballard, el funcionario respondió: “En Estados Unidos, como ustedes saben, las firmas de ‘lobby’ son legales, aprobadas por el Congreso de esa nación, y este país y este Gobierno ha hecho uso en diferentes ocasiones de firmas de ‘lobby’.

Este Gobierno ha utilizado este servicio en distintas ocasiones, entre ellas la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional, también para ayudar al desarrollo del sector empresarial. Ahora la usamos para el sector del acero, obteniendo excelentes resultados”.

Pese a que Peralta no se refirió a si Ballard fue contratado o no, la periodista, redactó la noticia de la siguiente manera:

“El ministro Administrativo de la Presidencia confirmó que el gobierno contrató a un ‘lobista’ que asesoró al presidente estadounidense Donald Trump, para que sirva como consejero al presidente Danilo Medina e intermediario entre funcionarios norteamericanos”

José Ramón Peralta indicó que la contratación de Brian Ballard no representa una novedad y que en varias ocasiones el Estado se ha auxiliado de firmas asesoras reconocidas para mediar en situaciones con empresarios y sentencias evacuadas por el Tribunal Constitucional”.

Un diario, siguiendo esa versión, pero sin comprobar con el audio de las declaraciones, publicó casi igual la información; mientras que otro periódico elaboró bien la noticia, pero en el título de portada aludía a la confirmación de Peralta, hecho que nunca ocurrió.

En la “vieja” escuela del periodismo de la que provengo, era prácticamente imposible que eso pasara, porque en la mesa de corrección había que confirmarlo todo antes de cualquier publicación.

Ahora, no pocos periodistas se aseguran de la confirmación del dato, ni les importa la preservación de un nombre pulcro.

Sin embargo, existe otro “pecado”, que consiste en proclividad de ejecutivos periodísticos de tergiversar informaciones para acomodarlas a determinados intereses, dejando de lado el rigor ético.

El periodismo debe ejercerse apegado a ciertos criterios profesionales, por lo que el reto de los periodistas, especialmente las nuevas generaciones, consiste en alcanzar la verdadera profesionalización, al margen de la existencia de “torres” de intereses.

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