Defensores de la democracia
La figura de opositor, servidor público o líderes y dirigentes comunitarios hace décadas que pasó a formar parte de una realidad del pasado; y, lamentablemente, ahí se quedó.
Igual sucede con las estrategias de oposición al Gobierno, para muchos que viven apegados a nuevas formas éticas de vivir. Lo mismo pasa con el Estado, que muchos lo reducen a una cosa que prodiga bienestar. O sea, importantes cargos, sueldos de lujo, y, naturalmente, manejo de recursos como si fueran propios.
La percepción muchas veces nos da un cuadro fiel de la realidad. El periodo que transita el país, recién pasadas las elecciones, nos da indicios de que habrá una oposición que buscará acomodarse en el Estado, que no tiene la paciencia de esperar a que haya una nueva convocatoria electoral congresual y municipal, la cual tardará seis años en llegar.
A veces pareciera que viéramos a través de un cristal, claro y eficaz. Y vemos como si muchos hombres y mujeres, del oficialismo y de la oposición, se preocuparan única y exclusivamente por la posición que puedan alcanzar. ¿Estamos a tiempo para sacudirnos? La conciencia nacional debe estar alerta y hasta organizarse en una cruzada ética y moral para demandar cambios en la conducta de nuestros políticos.
Si permanecemos en silencio corremos el riesgo de perder las reservas que nos quedan: hombres y mujeres que tradicionalmente se levantan como lo que son, auténticos defensores de la democracia que tanto los necesita.