Defendamos la democracia y trabajemos para ella

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Vivimos en democracia, Thomas Paine dijo: “el gobierno es un mal necesario”, si le damos aquiescencia a este concepto tenemos que admitir que la democracia es infalible. Aceptando primero que es un sistema injusto porque permite que el pez grande se coma al pequeño, fomentando el apetito voraz, para que el que pueda vivir viva o sobreviva y crezca y si no que muera y se convierta en abono de plantas frutales o arboles de sombra.

Tantas disquisiciones se pueden escribir de la democracia que en el papel podría derrotarla, pero cuando busca salidas alternas te encuentras con unos recodos laberinticos… y no te queda más que volver hacia atrás y alabarla, santificarla, endiosarla y no solo practicarla, sino, predicar y arengar para que los demás corroboren y no corran el riesgo de inventar, porque el remedio será siempre peor que la enfermedad. El mando nunca debiera depender de mesías ni de imprescindibles.

Consciente de la necesidad de promover el sistema democrático, para hacer más viable la vida en sociedad, que según Paine “es lo mejor de nuestra buena voluntad”. Asumimos que democracia es lo que debemos enseñar en la escuela, en los clubes de servicio, en los gremios laborales y profesionales , en los partidos políticos y en las instituciones de fe como las iglesias y los concilios, aunque lo religioso se fundamenta en dogmas y estos no pueden ser democráticos, pues de serlo negarían su naturaleza, pero nadie puede negar la influencia y el poder de la fe en la sociedad actual, porque el poder mismo se fundamenta en la creencia, no debe entonces, descartarse su utilidad como hilo conductor para fomentar la conciencia democrática.

Una Patria fuerte se sostiene en dogmas, consagrados como símbolos e institucionalizados en artículos, conocidos como pétreos o inamovibles en la constitución de la República, para que nadie invente, así en el artículo 268 la carta sustantiva, sobre el sistema de gobierno dice: “ninguna modificación a la constitución podrá versar sobre la forma de gobierno que deberá ser siempre civil, republicano, democrático y representativo” y los artículos 29 al 36 que tratan sobre los símbolos patrios y el idioma, bandera, escudo e himno. Estos símbolos son como las madres, que no se cuestionan, se quieren y nada más.

Amar a la patria implica ser un ciudadano de bien que cumple con sus responsabilidades para sí y frente a los demás.

Si la iglesia católica clama por la paz y la transparencia en el proceso electoral y en el ejercicio de la política y los voceros de las iglesias cristianas en su pastoral llaman a la conciencia individual y la libertad de participación política, al servicio comunitario y la preservación de la familia, todo indica que el buen camino está abierto en el país y que la comprensión y la tolerancia han ganado un espacio tal, que ya la lógica existencial de la democracia no está en juego, sino su forma operativa.

Hago mención de la iglesia porque esta es y debe ser el referente espiritual, ético y moral por excelencia, para las buenas acciones, sin importar los actores.

Gobernantes y gobernados dirigentes y dirigidos, son naranjas de la misma mata, y penden del mismo ramo por lo que: apertura, tolerancia, participación, debate e inclusión deben ser elevados a la categoría de valores ciudadanos, de aplicación general, sin menoscabo de los grandes, ni de los pequeños, porque uno justifica el otro y los dos coexistirán siempre en cualquier tipo de sociedad en que se organice el Estado.

Las contradicciones son propias a la naturaleza humana por lo que no pueden calificarse como buenas o malas si no necesarias, en el desarrollo natural de los procesos y la democracia es un proceso de construcción permanente.

En sus memorias Tony Blair dice: “En la oposición es posible, si uno es suficientemente hábil, disimular las contradicciones, ocultar las decisiones, difuminar las distensiones, arrojar un manto de consenso ambiguo sobre las decisiones discordantes, espinosas y desagradables. Para que exista una sensación de suavidad. En el gobierno, todos los bordes son cortantes. En cuanto uno decide y empieza a actuar de acuerdo a lo decidido, el borde empieza a cortar”.

En democracia, grandes y pequeños fuertes y débiles, deben coexistir sin que ninguno de los dos abuse de su condición. Después de todo, la efectividad médica de una pastilla no la determina su tamaño. ¡Que viva la República Dominicana y en paz y democracia!

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