¿De qué vivimos?
El país, a medida que pasa el tiempo, dispone de mejores herramientas de medición laboral. Hay más encuestas vinculadas a la economía y al sector productivo.
Avanzamos y vemos cómo en manos de los empresarios y sindicalistas hay verdaderas radiografías económicas. Ya disponemos de información sobre la composición económica laboral del país. Sabemos que la población en edad económicamente activa, con un puesto de trabajo fijo, ronda el cuarenta y ocho por ciento.
La otra parte carece de trabajo, pero vive gracias a la solidaridad económica del cuarenta y ocho por ciento que trabaja.
A eso se suman entradas esporádicas por concepto de ayudas sociales y de remesas, enviadas del extranjero por familiares y amigos. Eso significa, además, que no tributa.
Analizando fríamente esta realidad, estamos lejos de ser un país en vías de desarrollo. Si tomamos en cuenta el cuarenta y ocho por ciento que labora, hay muchas variables a tomar en cuenta. Entre ellas la pobreza de los salarios, la falta de una política de reajuste salarial cada determinado periodo, de acuerdo a la realidad inflacionaria del país.
Ante esta realidad, qué hacer. Muchos economistas y empresarios apuestan a un cambio en el modelo económico. Los jóvenes profesionales, que son una importante parte de la población, apuestan a la creación de nuevas fuentes de empleos. De no corregirse esa situación estamos lejos de convertirnos en un país en vías de desarrollo.
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