Martes, 12 de noviembre, 2019 | 7:31 am

¿De qué ha servido la Ley 63-17?



Cuando intento escribir otras historias de dolor, me informo que acaban de ocurrir dos nuevos accidentes en la autopista Las Américas, donde murieron tres jóvenes.

Tres familias más que van a llorar sus muertos y enterrarlos llenando de angustia sus vidas. Pero les puedo asegurar que no son solo estos tres, porque no nos enteramos con la misma rapidez, y tal vez ni nos enteremos, de los que mueren en accidentes de motores, que regularmente son los más pobres de la pirámide social, donde de verdad se sufren más las consecuencias.

El 15 de septiembre murieron cincos amigos en un solo accidente, y lo más penoso es que los jóvenes presentían que podían morir, ya que llevaban una vida desenfrenada, construyendo momentos fatales, ligando el alcohol, juventud y velocidad y, por lo que vemos, ninguno sacó fuerzas para oponerse al desenfreno y llamar a la prudencia, hasta el desenlace fatal.

Ellos dejaron de sufrir, de vivir, pero dejan una comunidad entera sumergida en el dolor y lamentaciones ,sobre todo, porque provenían de familias bien formadas, donde se supone se cultive la prudencia, el amor y el respeto a los demás.

El 12 de octubre volvimos a repetir la misma historia, con una pincelada de tristeza particular, porque el dolor, aunque lo sufra la comunidad, fueron tres hermanos que dejan sus padres huérfanos de su existencia, de su presencia, de su amor y sus esperanzas.

Tres jóvenes en plena vida, desarrollándose para seguir siendo buenos ciudadanos, cada vez más productivos.

Y tanto duele, que personalmente, sin conocerlos, me duele y estoy seguro que a muchos también, como les duele a todas las familias que han perdido sus seres queridos en los accidentes fatales que se repiten como una epidemia en nuestras calles.

Se ha escrito demasiado, se ha hablado mucho, se han creado las leyes y formado los organismos para regular el tránsito, pero aun nada ha servido para reducir los accidentes. Solo hablamos y hacemos mucha prensa y mucha publicidad, pero nos ha faltado valor para imponer la autoridad. No existen los controles en nuestras calles y todos andamos haciendo lo que nos da la gana, sin deberes que cumplir e irrespetando los derechos de los demás.

Y solo demagogia y populismo de nuestros hombres y mujeres responsables de aplicar la Ley 63-17.

A quién diablos le tienen miedo, o será que se benefician del caos que tenemos. El Estado debe darse cuenta que regular y terminar el desorden, el caos, le conviene; porque van a recaudar más recursos, van a gastar menos en hospitales, van a bajar el estrés y los crímenes, van a bajar los inválidos por accidentes que son una carga para la familia y el Estado.

No pueden ser tan miopes para no ver los enormes beneficios que obtendremos con el tránsito mejor organizado, sometido a la obediencia como demanda la ley. Si los jefes actuales no pueden, que renuncien, pero deben asumir su responsabilidad.

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