De popys y wawawás

Federico Alberto Cuello Camilo
Federico Alberto Cuello Camilo

*Por Federico Cuello Camilo

Con sorprendente recurrencia se producen en el mundo convulsiones generacionales imposibles de ignorar. La última, en los 1960s, produjo disturbios raciales, incendios en ciudades, guerras civiles y golpes militares. Desde Dhaka hasta Detroit, desde París hasta Phnom Penh o incluso de Santo Domingo a San Francisco, no hubo rincón del mundo que no temblara. Era la hora de abrirle el paso a la juventud que, en la escena, a sangre y fuego entraba.

Poco importa que en París los popys se rebelaran contra el cambio o que en Detroit los wawawás reclamaran la igualdad. O que en San Francisco los popys fueran hippies o que en Santo Domingo los wawawás combatieran en las calles por el retorno de la constitucionalidad. Para ellos de lo que se trataba era de pasar la página.

Hoy parecería que estuviéramos pasando por momentos similares. En Santiago de Chile, por ejemplo, meses y meses de manifestaciones buscan revertir la desigualdad entre grupos de ingreso, entre asalariados y jubilados y entre municipios mejor dotados y los otros, empobrecidos. Porque poco fue lo que hicieron la apertura y la globalización para impartir justicia social a lo largo del territorio.

En Londres, cuyos alquileres exorbitantes excluyen todos los años a 50 mil gentes, esta semana quedó enterrada la austeridad, para dar a los wawawás brexiteros del lejano norte los trenes, escuelas y hospitales que hace tanto necesitaban y que, oh paradoja, les traen ahora los popys de Lady Thatcher. Contundente la respuesta que le están dando en el Reino Unido a la crisis global, precipitada por el coronavirus y sus secuelas todavía en curso de caída en la oferta, la demanda, el turismo y las bolsas internacionales.

Interesante es de comprobar que el malestar generacional que hoy recorre al mundo tiene mucho de rebelión contra la globalización, sin que el populismo antiglobalista que se practica al norte nuestro tenga respuestas como las esbozadas.

Porque asegurar que los frutos de la globalización lleguen a los pequeños productores rurales de reforma agraria es apoyar el cooperativismo, como ilustran los avances impresionantes en la calidad de vida de los linieros y monteplateños, nuestros mundialmente reconocidos exportadores de comercio justo. Porque combatir la desigualdad entre el campo y la ciudad es invertir en la agricultura y en el emprendimiento de las MIPyMEs, para combatir la pobreza en el origen.

Porque replicar en todos los municipios el modelo que representa Santiago de los Caballeros será crucial para contar con esa República resiliente que con urgencia necesitamos. Y porque asegurar la igualdad de oportunidades requerirá que cada niño o adolescente en cada rincón del país reciba los mismos servicios sociales de calidad que se necesitan en estos momentos de convulsión.

Son estos todos ejemplos de las políticas glocales que nadie nos enseñó. Son las respuestas nuestras a los problemas globales y que, lejos de aislarnos en medio de la crisis, nos permitirán salir de ella fortalecidos. Que no lo olviden los alcaldes que a partir de este domingo saldrán electos, luego del voto de popys y wawawás.

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