De pesimistas y traidores

La dominicana es una nación vigorosa que ha escrito su historia sobre la base de heroísmos cotidianos protagonizados por personas simples a quienes las circunstancias los han llevado a planos de principalía.
Hoy la República Dominicana confronta dos grandes problemas que amenazan nuestra estabilidad política, social y económica.
Nos referimos al narcotráfico y la descontrolada migración haitiana, dos asuntos que sin duda ponen en peligro la seguridad nacional y nuestro futuro como nación.
En ninguno de los casos se observan políticas gubernamentales eficaces y definidas para enfrentarlos.
El narcotráfico ha desbordado las capacidades de los organismos llamados a detener su avance. Los ha infiltrado a tal nivel que sus operaciones cuentan con apoyo al más alto nivel, mientras la violencia nos arropa. No somos sólo un país de tránsito, sino un seguro refugio para capos, como hemos visto en los últimos 30 días.
Sobre la cuestión haitiana, el desinterés mostrado por las autoridades de establecer y aplicar una política migratoria conforme al interés nacional nos convierte en el principal donador para solventar las deficiencias de la inversión social haitiana. Gran parte de nuestro presupuesto se va en absorber la pobreza haitiana, recibiendo sólo a cambio reclamos y acusaciones de potencias mundiales que con eso quieren ocultar sus irresponsabilidades e incumplimientos.
Ante esos dos problemas debe volverse a imponer la grandeza de la nación dominicana y enfrentarlos de manera adecuada sobre la cabeza de los pesimistas y los cadáveres de los traidores.