“De niña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mamá”
- Madre de Joheirry afirma: “La corona es hermosa, pero lo importante será lo que ella pueda hacer con ella”. Crianza. Detrás de la corona hay una historia construida desde la infancia.
Santo Domingo.-Antes de las luces de los escenarios internacionales, las pasarelas y la corona de Miss Mundo, Joheirry Mola fue una niña dulce, alegre y sensible que encontraba en los juegos una forma de revelar, sin saberlo, parte del camino que recorrería años después.
Su madre, Heiddy Domínguez, recuerda especialmente aquellas escenas de infancia en las que Joheirry se ponía sus zapatos y carteras para caminar por toda la casa como si estuviera sobre una pasarela. Después regresaba orgullosa para mostrarle a su madre lo bonita que se veía.
Pero había otro juego que, con el paso de los años, adquirió un significado todavía más profundo: sentaba a sus muñecas y les daba clases.
“Desde pequeña le gustaba enseñar”, recuerda su madre, quien hoy observa con especial emoción que aquella niña que jugaba a ser maestra terminó convirtiendo la educación en una verdadera vocación. Joheirry lleva varios años dedicada a enseñar y mantiene un fuerte compromiso con los niños.

La mirada de una madre permite así descubrir una dimensión distinta de la nueva soberana mundial. Detrás de la corona hay una historia construida desde la infancia, marcada por valores familiares, disciplina y una sensibilidad hacia los demás que, según su madre, siempre estuvo presente.
Sueños de niña
Desde pequeña, Joheirry mostró determinación para perseguir aquello que quería, pero también una disposición a compartir y ayudar a quienes lo necesitaban.
En su hogar, explica su madre, aprendió desde temprana edad la importancia de servir a los demás. Con los años, esos valores dejaron de ser solamente enseñanzas familiares y pasaron a formar parte de su propio propósito.

Sus sueños también fueron evolucionando. Aunque enseñar permaneció como una constante, el mundo del modelaje comenzó a despertar su interés. Aquella niña que se paseaba por la casa con los zapatos de su madre encontró posteriormente en las pasarelas un espacio para desarrollar otra de sus aspiraciones. El sueño de convertirse en reina de belleza llegó después, cuando ya había comenzado a incursionar en ese mundo y sus metas se hicieron cada vez más grandes.
Para alcanzarlo, sin embargo, tuvo que pagar un precio que muchas veces permanece oculto detrás de una corona: tiempo lejos de la familia y los amigos, sacrificios personales, responsabilidades laborales y una exigente rutina que demandó disciplina y perseverancia.
Sacrificios con sentido
Domínguez admite que hubo momentos de preocupación al verla cansada o enfrentando dificultades, pero nunca quiso convertirse en un obstáculo para sus sueños. La orgullosa Heiddy describe que la enseñanza fue otra, pues hacer el esfuerzo, ponerlo en manos de Dios y confiar siempre fue su norte. Asegura que el momento decisivo llegó cuando escuchó el nombre de República Dominicana y vio a su hija coronada como Miss Mundo.

Para una madre que había acompañado el proceso desde sus primeros pasos, aquel instante condensó años de trabajo, sacrificios, lágrimas y oraciones.
“Gracias, Dios mío, valió la pena”, fue el pensamiento que, según recuerda, atravesó su mente. Confiesa que más que la celebración por un título internacional, lo que sintió fue el orgullo de ver a su hija alcanzar uno de los sueños por los que había trabajado durante años.
Explicó que en los primeros segundos después de la coronación, su pensamiento estuvo dirigido a Dios y luego a Joheirry, consciente de todo el esfuerzo que había realizado para llegar hasta ese escenario.
Su deseo era abrazarla y decirle: “Lo lograste, mi amor. Dios escuchó nuestras oraciones”.
Más que la corona
Para la familia, el título de Miss Mundo 2026 trasciende los beneficios, contratos y oportunidades profesionales que puedan surgir a partir de ahora para la beldad de 24 años.
La feliz madre destaca que la corona simboliza, en su visión, fe, disciplina, sacrificio, perseverancia y propósito, pero también abre una plataforma para que Joheirry amplifique su voz y lleve más lejos su deseo de servir.

Y quizás ahí está la mayor transformación de aquella niña que jugaba a dar clases a sus muñecas y caminaba por la casa con los zapatos de su madre, ya que comienza a ver el fruto de su perseverancia.
Escenario mundial
— El verdadero valor
Hoy tiene ante sí un escenario mundial. Su madre lo resume con una reflexión: “La corona es hermosa, pero lo verdaderamente importante será lo que ella pueda hacer con ella”.
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