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De instituciones, mientras el yo finito, clama de forma y fondo por las transformaciones

Porque… “Los que tienen luz propia no darán vueltas como satélites”.

Hay que ser sabio y saber utilizar

las capacidades del subalterno,

que en algo, sea superior a ti.

Tantas cosas por hacer y sin que la voluntad para hacerlas se concretice. Cualquiera piensa, exasperado por la situación imperante, que este “puto” país, como diría Pedro Mir “este país no merece el nombre de país. Sino de tumba…” No merece siquiera un trastorno de sueño de la gente seria. Y pensar con el eco eterno de Compadre Mon, que “tanto he pisado esta tierra, que es ella la que anda ya”.

Pueden parecer exageradas, alarmistas o hasta gratuitas, como expresan aquellos que no la padecen ni en apariencias la perciben pero, las similitudes para comparar esta situación en la cual vive el país, con lo peor del caos, no son pocas ni irrelevantes.

Por más manifestaciones de descontento y desesperanza, no hay quién nos haga dudar que todos los hechos alarmantes y desvergonzados que a diario vivimos, sean obras de la concupiscencia y la acentuada incapacidad dirigencial, principalmente, en cuanto a responsabilidad de la parte que desde hace determinado tiempo nos dirige.

Vivimos eternamente en un país idílico pero, todo en infinitivo. Mientras tanto, los discursos políticos nos hacen recordar a Manuel del Cabral en su “Resabio 4”, al decir: “Suelta pétalos mi voz,/ pero mi lengua no olvida/ que el mismo tallo alimenta a la rosa y a la espina”.

Y vaya usted a ver. Consideramos que ya está llegando el momento de desentenderse de las patibularias siluetas de los lobos políticos, que se presentan como inofensivos cachorros.

Se aproxima el tiempo de “medir todo lo que es medible y hacer medible lo que no lo es”.

Consigna fundamental de Galileo, la cual, llevándola al lenguaje llano de la política y más ahora, que estamos en campaña, se convertiría en hacer todo lo que haya que hacer, hasta donde sea posible hacer y luego, buscar la fórmula para hacer todo lo demás y los discursos utópicos, dejarlos para hacer una gran película, sobre los sueños.

Ahora, la prioridad es la seguridad, es la vida. Por eso la urgencia de buscar la solución a este problema mediato, a este gran problema de supervivencia, sin esperar que con solo rezar, “dialogar” o, con la misma cantaleta política, nos podremos salvar de este atolladero de inmoralidad, inseguridad, corrupción y prepotencias a los cuales nos han llevado las irresponsabilidades políticas y su miedo a tomar el toro por los cachos.

La fuerza se organiza de acuerdo con las amenazas. Nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional continúan con la misma estructura orgánica para combatir una amenaza que no existe. Hay un “enemigo” nuevo, audaz, temerario, sin ética ni remordimientos y con otro sistema de lucha pero, ni aún así se reacciona. Se termina la Guerra Fría y a pesar de esta realidad, la debida transformación no se produce, las instituciones permanecen congeladas en el tiempo.

La organización de las fuerzas debe cambiar acorde ante las nuevas amenazas, al igual como cambia la medicina para atacar las mutaciones de las enfermedades. Obligatoriamente, tenemos que continuar con esta serie, siempre y cuando el corrupto poder, por una u otra vía, no haga lo que mejor sabe hacer cuando se siente acorralado por el ataque mortal de la verdad… ¡Imponer el silencio! ¡Sí Señor!

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