De héroes, traidores y asesinos

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Q ue el valor de las palabras no la ensucien los perversos y corrompidos. Cada cosa tiene su lugar y su nombre.

Francisco Alberto Caamaño Deñó es un héroe y merece ir al Panteón Nacional y Pedro Santana es un traidor que debe ser sacado de tan sacro recinto. La proceridad de Caamaño fue demostrada en la defensa de la constitucionalidad y la lucha contra los invasores de Estados Unidos.

La traición de Santana se forjó en los crímenes contra los patriotas del 1844 y la Anexión de nuestra patria a España. No hay confusiones, ni medias tintas.

Como son asesinos quienes mataron a Manolo Tavárez y Francisco Alberto Caamaño Deñó, son criminales los que ordenaron y ejecutaron el asesinato de tantos hombres y mujeres durante los 12 años de Balaguer. La sangre de tantos mártires sigue demandando justicia, aquí en la tierra y allende la muerte. Son asesinos, irredentos, sin entrañas.

La Historia no es neutra. Tiene dirección y educa en valores. Lo más valioso que tenemos es el pueblo que forjamos, su dignidad y mejor destino, y el suelo que nos sostiene.

O se está con el bienestar de todos los habitantes de este suelo, la democracia y la defensa de nuestra soberanía, o se está en contra. Cada niño, joven y adulto debe aprenderlo en su casa, en la escuela y por los medios de comunicación.

No es ideología, es la fuente de posibilidad de todo futuro: nuestra gente, su posibilidad de decidir su gobierno, y la tierra y los mares que tanta sangre nos ha costado.

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El Día

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