De espanto y brinco

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Estoy en la completa seguridad que muy pocos fanáticos habían sido testigos de una serie final tan emocionante como la escenificada entre Águilas y Leones.

Cuando los escarlatas obtuvieron las primeras tres victorias al hilo, las expectativas cibaeñas bajaron entre los mismos seguidores del Escogido, debido a que como ya es sabido, ningún equipo había retornado de un déficit de esa proporción .

Empero, las Águilas se sobrepusieron y empataron en forma espectacular. Aún así, nadie pensaba que se jugaría un noveno y juego decisivo.

Ese ha sido el partido más emocionante que haya presenciado en los más de 20 años siguiendo el béisbol profesional.

Un equipo ya prácticamente entregado, por lo menos era lo que se percibía en el dugout rojo, se sobrepuso aprovechando la salida del montículo del cubano Raúl Valdés, para comenzar a remontar hasta que tomó por una la delantera en el octavo.

Sin embargo, el tablazo de jonrón del mexicano Gutiérrez, en conteo de tres y dos, para igualar las acciones a cinco, les sacó el aire a todos, nadie podía creer lo que estaba viendo, y el juego pintaba que se iría a entradas extras.

Pero de nuevo, la defensa cibaeña, su principal talón de Aquiles durante toda la serie, así como el escaso rendimiento de su cuerpo de cerradores, nueva vez se convirtió en un desastre, y ahí se produjo la hecatombe final, con el merecido triunfo escarlata.

Reitero que jamás había presenciado un juego de tantas emociones, positivas y negativas. ¡Felicidades!

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El Día

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