De ‘desecho’ a respeto: El buen vivir y la nueva ética de la basura en República Dominicana

  • Del Buen Vivir, con raíces en cosmovisiones andinas, propone que el bienestar humano es imposible si el entorno está degradado. Normas. Las vigentes se quedan cortas.

Es tiempo de que el ‘orgullo dominicano’ se traduzca en ríos limpios, costas sanas y una convivencia sagrada con el ecosistema que nos permite ser quienes somos.foto freepik
Es tiempo de que el ‘orgullo dominicano’ se traduzca en ríos limpios, costas sanas y una convivencia sagrada con el ecosistema que nos permite ser quienes somos.foto freepik

*Por Rosanna Herasme

En República Dominicana, la gestión de los residuos sólidos ha sido históricamente abordada como un problema técnico o logístico: "¿dónde ponemos lo que nos sobra?". Sin embargo, la acumulación de plásticos en las costas y la proliferación de vertederos a cielo abierto son síntomas de una crisis más profunda: la crisis de desconexión ética.

Para transformar nuestra realidad, debemos transitar desde una visión donde la basura es un ‘problema ajeno’ hacia una filosofía de Buen Vivir (Sumak Kawsay) y el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza. La teoría del ‘Buen Vivir’, con raíces en las cosmovisiones andinas, pero aplicabilidad universal, propone que el bienestar humano es imposible si el entorno está degradado. Como señala Acosta (2013), el buen vivir no busca la acumulación de bienes, sino la armonía entre las personas y su entorno natural.

Cambio radical
Para el ciudadano dominicano, esto implica un cambio de comportamiento radical. Arrojar basura a la calle o a las cañadas no es solo un acto de incivilidad; es una ruptura del equilibrio que sostiene la propia vida.

En el ‘buen vivir’, la basura no existe como tal, sino como recursos que deben retornar al ciclo de la vida. Nuestra cultura del ‘usar y tirar’ choca frontalmente con la necesidad de una reciprocidad con la tierra que nos alimenta y nos provee agua.

Tradicionalmente, hemos visto a los ríos dominicanos (como el Ozama o el Yaque del Norte) y las playas como simples receptores de desperdicios. Los tratamos como ‘objetos’. No obstante, la tendencia jurídica global, liderada por autores como Gudynas (2011), sugiere que la naturaleza debe ser reconocida como un sujeto de derechos. Esto significa que un río tiene derecho a existir, a fluir libre de contaminación y a regenerarse.

Cuando un ciudadano lanza plástico a una alcantarilla, está violentando el derecho de la naturaleza a su integridad.
En la República Dominicana, la Ley 64-00 y el Artículo 67 de la Constitución protege el medio ambiente, pero aún bajo una visión antropocéntrica: lo protegemos porque nos sirve.

Adoptar la teoría de los Derechos de la Naturaleza elevaría nuestro compromiso ciudadano: ya no limpiaríamos la playa solo para que se vea ‘linda’ para el turismo, sino porque la playa tiene una dignidad intrínseca que debe ser respetada.

La problemática de la basura en Santo Domingo, Santiago y nuestras zonas turísticas no se resuelve únicamente con más camiones recolectores: requiere una responsabilidad compartida.
La interrelación entre el ‘buen vivir’ y el manejo de residuos se manifiesta en tres comportamientos ciudadanos urgentes:

  • Consumo responsable (Suficiencia): Consumir solo lo necesario. La reducción de residuos comienza rechazando el exceso de empaques.
  • Separación en la fuente: Respetar los derechos de la naturaleza implica facilitar que los materiales (vidrio, papel, plástico) vuelvan a ser útiles.
  • Vigilancia comunitaria: El bienestar colectivo exige que no seamos cómplices del vertido ilegal.
    Las normas vigentes, aunque útiles, se quedan cortas si no van acompañadas de una transformación en la conciencia.

Espejo de la cultura

— El buen vivir
La basura es el espejo de la cultura. Si las calles están sucias, es porque la relación con la naturaleza está rota. Al adoptar los principios del ‘buen vivir’ y reconocer que la naturaleza tiene derechos, República Dominicana puede posicionarse como un referente regional de sostenibilidad real.

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El Día

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