Danilo Medina

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Creo que estas líneas expresan el sentir de muchos dominicanos.

En apenas un par de días, Danilo Medina habrá alcanzado el máximo objetivo de cualquier político, juramentarse como presidente de la República.

Esta condición lo convierte en un hombre extraordinario; ahora son sólo tres personas con vida que ostentan esa particularidad entre aproximadamente 10 millones de habitantes de nuestro país.

Está en las manos del nuevo gobernante evitar al pueblo dominicano sufrimientos, fruto de la ciclópea tarea que conllevó a que conquistara el torneo electoral.

El escenario se reduce en lo adelante a la expresión “el fin justifica los medios”, el país está ansioso de que no sea una nueva decepción.

La oposición, luego de los aguerridos días previos al 20 de mayo, ha mantenido un discurso cauteloso; de hecho, es conocido que en lo personal, el presidente Hipólito Mejía y el próximo presidente poseen relaciones de mutuo respeto.

A partir de la toma de posesión el sentimiento de nación debe colocarse por encima del orgullo partidario. Lo hecho, hecho está, y ya debemos todos avocarnos a cambiar el panorama de inseguridad, corrupción, endeudamiento y desdén que se hereda.

Es esperanzador que el presidente electo luce comedido, cauteloso y frío, elementos claves para navegar en las aguas que se presagian.

Millones no aprobamos la forma en que conquistó el poder, pero ahí lo tiene, para corregir lo que está mal, continuar lo que está bien y hacer lo que nunca se hizo.

Esperamos que cumpla su palabra y trabaje por un mejor país… pero para todos.

El anhelo es que gobierne de forma diferente.

Que Dios ilumine a Danilo Medina.

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