Culpables ante resultados educativos de PISA

Periodista Luis García

Los actores fundamentales de la comunidad educativa sabían que los resultados que obtendría República Dominicana, cuando se conociera el informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) no serían halagadores, pero desconocían con exactitud que el nivel de calidad de la educación preuniversitaria era tan bajo.

La sorpresa ha provocado que ahora se estén repartiendo las culpas, especialmente entre las autoridades y el sindicato que agrupa a los maestros, luego de la evaluación hecha el año pasado en el país, que reveló una baja de los estudiantes en el rendimiento de ciencias, lectura, y matemática con respecto a la prueba anterior de 2015. Nos coloca entre las peores naciones o regiones económicas que fueron evaluadas.

En matemática obtuvimos el peor resultado y se precisó crear una nueva clasificación denominada “por debajo del nivel”; en lectura el resultado significó una caída de 16 puntos con respecto a 2015; y en ciencias tuvo una mejoría de 4 puntos con respecto a su análisis de hace tres años.

PISA es un estudio que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a nivel mundial para medir el rendimiento académico de los alumnos en matemática, ciencia y lectura. Su objetivo consiste en proporcionar datos comparables que posibiliten a los países mejorar sus políticas de educación y sus resultados, ya que en este análisis no se evalúa al alumno, sino al sistema en el que está siendo educado.

Indiscutiblemente que esos pésimos resultados no se corresponden con la cuantiosa inversión que se ha hecho en la educación dominicana desde 2013, que asciende a más de 900 mil millones de pesos.

Esta ha sido el resultado de la asignación del 4 por ciento del producto interno bruto (PIB), tal como lo establece la Ley General de Educación.

Una vez recibido el informe, dos de los principales actores del sistema, las autoridades educativas y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) han reaccionado inadecuadamente, imputándose las responsabilidades mutuas. Incluso, ese sindicato, en medio de una coyuntura que demanda de reflexión acerca de la problemática, ha llegado al extremo de llamar a huelga en demanda de reivindicaciones para los maestros.

Nadie tiene dudas de que si hay un sector beneficiado con el 4 por ciento del PIB a la educción ha sido el magisterial, cuyos miembros constituyen el colectivo mejor remunerado de la Administración Pública, por lo que, en consecuencia, debería asumir una mayor responsabilidad en la construcción de una enseñanza que sirva de orgullo para el país.
Una cuestión clara radica en que cuando un sistema educativo es funcional contribuye a la creación de consciencia social. Y por eso, el profesor Juan Bosch dijo en una ocasión: “La creación de la consciencia moral es el fin último de la evolución social.

Lo que persigue el hombre es lo bueno. Lo bello, lo útil, lo justo y lo verdadero están dirigidos al establecimiento de una sociedad en que la consciencia social esté tan educada y evolucionada que la bondad sea un principio naturalmente ejercido por todos”.

Autoridades educativas, la ADP, las universidades y las familias, como culpables de nuestra baja calidad educativa, deben reflexionar acerca de qué hacer y asumir el compromiso de revertir esa situación que representa una traba para el desarrollo nacional.

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