¡Cuiden ese negociazo!
La duración de los partidos de béisbol invernal, por lo menos cuatro horas, es una barbaridad que debe corregir la Liga a la mayor brevedad, dado que es un factor que contribuye sobremanera a alejar al fanático de los estadios.
Es una situación que se viene dando desde hace varios años, pero que en el actual torneo se ha incrementado.
Ante la alarmante situación de inseguridad en todo el país, salir de un estadio pasadas las 12 de la noche es sencillamente un suicidio.
Algunos argumentarán que es difícil corregir esa falla, dado que nadie puede predecir que a un lanzador le caerán a palos, y por lo tanto los encuentros culminan con más carreras que un partido de softbol chata.
Además, los equipos tienen que admitir que las transmisiones de televisión, súper saturadas de comerciales, también inciden en la extensa duración de los juegos.
Al béisbol profesional le da seguimiento todo el país, porque es un patrimonio nacional, y por esa razón los dueños del espectáculo deben cuidarlo un poquito más, dando mayor seguridad a los espectadores que asisten a los estadios, e incluso a los que lo observan por TV.