Cuestión de honor
Durante todo el día de hoy ocho candidatos presidenciales desfilarán por el auditorio de la Universidad Católica de Santo Domingo, uno tras otro, con intervalos de 45 minutos, para firmar un compromiso por la educación en la República Dominicana.
Al estampar su firma, cada uno de ellos se obligará ante la nación, en caso de ganar las elecciones, a dar cabal cumplimiento a la ley en todos los aspectos que tienen que ver con la educación, entre los cuales se encuentra el otorgamiento del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) a ese renglón en el Presupuesto nacional.
La movilización de los candidatos presidenciales y de muchas otras personalidades para que acudan hoy a tan importante cita, es un triunfo de la ciudadanía representada por más de cien organizaciones civiles que desde hace varios meses vienen luchando por que se dé cumplimiento a lo dispuesto en este sentido por la Constitución de la República.
Pero el asunto no debe detenerse ahí. No basta con poner una firma en un papel. El candidato que resulte electo Presidente de la República debe saber que los ojos de la nación entera le estarán dando seguimiento, paso a paso, a sus ejecutorias, y que sabrá cobrarle su acreencia por todos los medios a su alcance.
El cumplimiento del indicado mandato constitucional es, por su naturaleza, una cuestión legal, pero por encima de todas las cosas, es una cuestión de honor.
