Hace unas semanas se hizo viral el video en el que se veía a una persona a la que lanzaban para hacer puenting sin los equipos correspondientes. Evidentemente, esta persona falleció. Pues, “esta persona” era una mujer joven, hija, hermana, amiga, con sus sueños, sus metas, sus miedos… un ser humano como tú y como yo. Y ahí entra la idea más importante: humanidad.
Tal y como decía un creador de contenido al que sigo y que me llevó a esta reflexión, se la quitamos. Le arrebatamos su humanidad. Ella no sólo perdió la vida en un horrible suceso, sino que todos los que difundimos y vimos ese video la elevamos a un hecho morboso, sin importar en ningún momento quién era y cómo debía sentirse su familia y sus seres queridos. Y casos así hay muchos, cada día más.
Las redes sociales se han convertido en un escaparate. Vemos la vida a través de una pantalla, pero nosotros tenemos la decisión de cómo la vemos y cómo la difundimos.
Esas redes son útiles para muchas cosas, claro que sí, pero ¿por qué debemos estar subidos en el morbo de compartir constantemente desgracias, de dejar multiplicadas en el universo digital esas desgracias de otras personas sin importar que, al dar ese clic, le estamos quitando esta humanidad tan importante y que hay que atesorar? Sólo tienes que pensar cómo te sentirías si fueras protagonista en vez de solo observador y multiplicador.
Creo que la perspectiva cambia bastante. Y no vale decir: “Pero otros lo hacen”, porque el efecto manada aquí no justifica las cosas.
Es tu decisión cómo utilizas lo que llega hasta ti y, a veces, un gesto tan simple como no darle a compartir frena que otros lo hagan.
Si dejamos de sentir y pensar como humanos, al final…
¿Qué nos queda? Morbo y poco más.
leídas