Por: Virgilio Lora Gómez
La Carta Pastoral de 1960 fue un documento de gran trascendencia emitido por la Iglesia Católica dominicana y leído el 21 de enero de ese año, con motivo de la celebración de la Virgen de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano.
Dicho documento marcó una ruptura definitiva entre la Iglesia Católica y la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, al denunciar de manera enérgica la represión y las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen. En la carta, los obispos clamaron por los presos políticos y por el sufrimiento del país, provocando una fuerte reacción del gobierno y de sus partidos afines.
La Carta Pastoral constituyó una respuesta cuidadosamente elaborada de la Iglesia frente a la ola represiva desatada por la dictadura contra los miembros de la Agrupación Política Movimiento 14 de Junio, liderada por el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo.
En el documento, los obispos expresaron:
“Asumiendo la obligación pastoral de cuidar el espiritual rebaño confiado por la Bondad Divina a nuestra solicitud, no podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a buen número de hogares dominicanos. Por ello, expresamos nuestra paternal simpatía, profundo pesar y común sentimiento de dolor, ya que es una obra de misericordia ‘consolar al triste’, haciendo propia la frase del apóstol San Pablo: ‘Llorar con los que lloran’” (Romanos 12, 15).
Asimismo, auguraron:
“En medio de esta pena, esperamos con la más viva confianza en la intercesión poderosa de Nuestra Señora de la Altagracia que, por encima de las humanas pasiones, hará resplandecer la caridad y la clemencia”.
En el contexto de una represión cada vez más intensa contra miembros o sospechosos de pertenecer al Movimiento 14 de Junio, el mensaje de la Iglesia fue interpretado como un claro rechazo a las acciones del régimen trujillista.
La Carta Pastoral fue firmada por el Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, monseñor Ricardo Pittini; monseñor Octavio A. Beras, Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo; monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, Obispo de Santiago de los Caballeros; monseñor Francisco Panal, Obispo de La Vega; monseñor Juan Félix Pepén, Obispo de La Altagracia; y monseñor Tomás F. Reilly, Obispo Titular y Prelado Nullius de San Juan de la Maguana.
En el documento, los obispos también informaron que habían enviado una carta al presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina, exhortándolo a que, en un plan de recíproca comprensión, se evitaran los excesos que solo causarían daño a quienes los cometían, y que se trabajara para enjugar tantas lágrimas, curar tantas llagas y devolver la paz a numerosos hogares dominicanos.
La logística de redacción y distribución de la Carta Pastoral fue ejecutada con notable sigilo, sin ser detectada por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) ni por miembros del clero vinculados al régimen.
El Episcopado hizo una cuidadosa distinción dentro del clero, evitando incluso que el documento llegara a manos de sacerdotes sospechosos de simpatizar con el trujillismo. Aunque el lenguaje utilizado fue prudente y sobrio, resultó contundente para una época marcada por el miedo y el autoritarismo.
En la Carta, los obispos reiteraron los más elementales derechos humanos y aludieron a las delicadas circunstancias que vivía el país, mientras los agentes del SIM desarrollaban una intensa campaña de persecución contra quienes eran señalados como desafectos al régimen, especialmente aquellos vinculados a la Agrupación Política 14 de Junio.