Cuándo es un pedazo de papel

Cuándo es un pedazo de papel

Cuándo es un pedazo de papel

Nassef Perdomo Cordero, abogado.

La manida frase de que la Constitución es un pedazo de papel no es obra de Joaquín Balaguer; la pronunció el rey prusiano Federico Guillermo III cuando rechazó establecer una monarquía constitucional porque, según sus palabras, no podía permitir que un pedazo de papel se interpusiera entre él y su pueblo.

Sin embargo, la prevalencia internacional de la frase se la debemos a Ferdinand Lasalle, que la usó en su ponencia “¿Qué es una Constitución?”.

Lasalle decía que hay dos conceptos fundamentales de Constitución. Uno, compuesto por las relaciones reales de poder en el seno de la sociedad; el otro, el plasmado en el texto constitucional.

Con eso establecía la diferencia entre Constitución material y Constitución formal. Concluía explicando que cuando las constituciones material y formal se alejaban la una de la otra, la última tendía a ser un simple pedazo de papel.

Ese análisis de Lasalle puede ayudar a entender muy bien la historia constitucional dominicana. Nuestras constituciones formales no han sido malas. El problema se encuentra casi siempre en sectores que se resisten a aceptar sus mandatos y quieren imponerse por encima de éstos.

Y ahí es cuando aflora el gran conflicto subyacente y permanente de nuestra democracia, porque independientemente de cualquier otro factor, las constituciones formales son la manifestación jurídica de un compromiso que todos acordamos cumplir. Es decir, que están llamadas a marcar el camino del desarrollo de las relaciones de poder en la sociedad.

Cuando se pretende preservar el pasado a pesar de los compromisos adquiridos, se retrasa el cumplimiento de la Constitución formal, pero al precio de agudizar los conflictos sociales y de degradarla, y con ella al sistema de convivencia pacífica que nos hemos dado los dominicanos.

En este sentido, los principales agresores contra la Constitución no son quienes exigen el cumplimiento pleno de los derechos que ésta establece, sino quienes, aprovechando la pujanza que les brindan la tradición y la inercia del cuerpo social, quieren negar derechos a sus conciudadanos.

La convivencia pacífica y democrática exige de todos que aceptemos el ejercicio de los derechos ajenos y que el espacio público debe acoger a todos en su diversidad y en plena libertad.



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Nassef Perdomo Cordero

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