- Publicidad -

¿Cuál es nuestro legado?

Cuando queremos poner dirección en nuestra vida podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué legado me gustaría dejar una vez que ya no esté aquí? Y hasta podríamos agregar otra: ¿A quiénes queremos influir con nuestras acciones?

Enfrentarnos a la muerte tiene la ventaja de poner en perspectiva nuestra vida y nos pone a pensar qué caminos hemos recorrido, por cuáles andamos y hacia dónde nos dirigimos.

Estas reflexiones hacen la función de corrientes eléctricas que nos sacan de cualquier letargo en el que estemos sumergidos.

En los últimos tiempos nos ha tocado despedir a hombres y mujeres, dominicanos y extranjeros, que nos han conmovido, pero que también nos dejan un legado, unos más que otros, siendo la más reciente pérdida aquella que tocó las puertas de las artes plásticas con la muerte de Guillo Pérez, un grande entre los grandes de la pintura dominicana.

Mirar en retrospectiva la trayectoria de este gran hombre del pincel nos deja un agradable sabor en los labios, pues su dedicación, entrega y pasión por la pintura nos aseguran que será recordado por siempre por todos nosotros.

Su arte es el reflejo de lo que somos, una nación llena de color y alegría… y es así como debemos recordarlo y despedirlo, en el entendido que ya descansa junto al Padre luego de cumplir su rol en esta vida: regalarnos hermosas estampas de nuestro pueblo y ser maestro entre los maestros de varias generaciones de artistas. Su legado es tangible e intangible.

Y es ahí el punto de estas palabras… mostrar, a grueso modo, que la vida que disfrutamos debe discurrir con un fin y, al margen de las experiencias disfrutadas que guardamos en nuestra caja de Pandora, tenemos la obligación de construir un legado con los dones que hemos recibido al nacer y ser multiplicadores del conocimiento. Vivir por vivir no es la opción.

Etiquetas