Crisis y transformación de la Iglesia (parte II)

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La primera faceta tiene que ver con los cambios que se están dando en lo religioso y su problemática relación con la Iglesia.

Tal relación problemática siempre ha existido. Pero la situación actual resulta especialmente impactante en el pueblo de Dios: la globalización neoliberal, el retorno de manifestaciones religiosas basadas en mitos, la crisis de un proyecto de humanidad, etcétera.

La crisis eclesial va ligada a la pérdida del control de lo religioso.

Hasta hace poco los cuadros de la Iglesia tenían la sensación de estar al frente de un gran pueblo.

La situación ha cambiado y ello se experimenta en pérdida de poder de los dirigentes.

La religión ha actuado como vínculo social y horizonte existencial de amplias capas de la población y su debilitamiento ha originado una crisis sin precedentes.

El segundo aspecto es cómo se verifica la iniciación a la fe en Jesucristo y su mantenimiento en la vida comunitaria.

Las viejas estructuras pastorales siguen inalteradas en lo esencial y han perdido vitalidad.

El surgimiento de verdaderas comunidades cristianas tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal.

El tercer aspecto tiene que ver con la relación entre la Iglesia y el mundo. La Iglesia no es un fin en sí, sólo tiene sentido al servicio de la transformación profunda y evangélica del mundo.

Ahora bien, la quiebra de la modernidad nos abrió los ojos, nos puso ante el absurdo en que incurríamos de querer impulsar el reinado de Dios desde y por medio de poder.

Una parte de la Iglesia defendió la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la emancipación del mundo y del orden político. Los burgueses revolucionarios pronto perderían su ímpetu antieclesiástico, al ver que su poder no estaba en peligro.

La jerárquica concentró esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral.

Y esta función justificaba su pretensión de universalidad tras la cancelación de su papel de legitimadora del orden político premoderno.

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