Crisis ecológica

Los ríos más importantes del país cuentan con tres enemigos muy agresivos, la contaminación y el proceso de deforestación acelerado que promueve la voracidad del hombre, se hallan en primer orden.

El tercer elemento es un periodo agresivo de sequía, que está fuera de toda voluntad humana. Pero el hombre tiene bajo su control el uso inteligente del agua, para evitar el desperdicio irracional y la escasez.

No importa el nombre o la región.

La lista puede ser iniciada por el río Ozama o el Yaque del Norte, la realidad es que vivimos una crisis ecológica silenciosa, con una inmensa cantidad de ríos cuyos cauces están a expensas de manos y actos criminales de inversionistas, empresarios e industriales desaprensivos.

No importa el grado del daño que se haga, poco a poco, los ríos se van quedando sin caudal, se mueren lentamente. La magnitud en que se cuantifique el daño o los niveles de la agresión nos da una idea del crimen, pero la información no detiene el mal.

Empecemos por denunciar menos y emprender más acciones cívicas, con el apoyo de las comunidades donde haya un río afectado, anónimo, apartado de las áreas de mayor sensibilidad y vigilancia de las autoridades.

Empecemos por poner bajo los ojos de la conciencia ciudadana qué está pasando con nuestros ríos, antes de que la crisis ecológica sea más aguda y perdamos la noción de nuestra responsabilidad.