Crisis alimentaria
Las autoridades dominicanas no pueden estar ajenas al tema que acapara la atención de muchos gobiernos de Latinoamérica y la región: la crisis alimentaria.
La estabilidad económica dominicana depende de la confluencia de diversos sectores, incluido el de las remesas; pero fundamentalmente, la producción agrícola que llega a diario desde los campos más apartados juega un papel decisivo en el día a día del pueblo dominicano.
Los analistas y profesionales de la economía plantean que hay problemas que se acentuarán en 2012, sobre todo, señalan como un indicio la vecindad de Haití y la constante migración de sus ciudadanos hacia la República Dominicana, que en su momento era hacia los campos, pero que desde hace un quinquenio se ha volcado a las grandes ciudades, desplazando a los dominicanos de importantes bastiones de la economía informal.
El éxodo de trabajadores haitianos de los campos empieza, según los productores agropecuarios, a afectarnos.
Un fenómeno que debería celebrarse como una oportunidad, se llora como un problema, ya que está en manos de los inversionistas agrarios ofrecer plazas y salarios atractivos a los dominicanos. Así, una parte de nuestra economía empezaría a depender de mano de obra dominicana.
El desplazamiento laboral es un indicio de que hay problemas que debemos asumir. La planificación y la reingeniería económica no pueden estar ausentes. No podemos permitir que nos acogoten los problemas para empezar a buscar soluciones.
Una inmensa mayoría del país depende de lo que se produzca en el campo. No podemos esperar que la crisis impacte en el campo y afecte el trabajo rural y la economía agrícola, porque detrás vendrá una crisis alimentaria sin precedentes. Estamos a tiempo de implementar políticas de incentivo masivo para el trabajo agrícola.
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