La lista de irregularidades detectadas por personal del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre en la inspección de vehículos del transporte interurbano, con ocasión del día festivo de la Virgen de la Altagracia, es un indicio a considerar en la relación entre las autoridades y los operadores privados.
De acuerdo con información del Intrant, en la jornada de inspección fueron detectadas más de 200 fallas técnicas, además de otras de tipo legal, como fueron 9 licencias irregulares y dos pólizas de seguro vencidas.
También fueron aplicados controles médicos de dopaje y pruebas toxicológicas que llevan a preguntarse, ante el caótico comportamiento de los conductores de unidades del transporte colectivo, si estas medidas deberían ser coyunturales o un elemento fundamental del control del tránsito cotidiano en los grandes centros urbanos, autopistas y carreteras.
Los controles siquiátricos están ausentes en la pormenorizada lista de pruebas aplicadas con ocasión del Día de la Altagracia y acaso también fueron realizados, pero los pasaron por alto.
Cualquiera que se haya detenido siquiera un instante a observar el comportamiento de un chofer cualquiera del transporte público, incluidos algunos de OMSA, tiene que preguntarse acerca de la salud mental de estas personas, en las que otros confían su destino.
En una vía de tres carriles se les puede ver conduciendo por el de la derecha, como es natural, en vista de que es por allí por donde encuentra a los posibles pasajeros; al llegar a una intersección dobla desde ese carril hacia la izquierda como si fuera un giro natural.
Pero también hacen lo contrario, que desde el carril de la izquierda proceden a pasar al de la derecha porque hay una persona parada en la acera y puede ser un pasajero.
Este giro lo hacen como si no hubiera otros conductores en la vía, no importa que esté atestada de vehículos.
Y como esto no tiene consecuencias es, por contagio, el pan nuestro de cada día.