Covid-19: ¿cambiará la sociedad?

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Celedonio Jiménez

Las fronteras entre países y regiones del mundo han sido derribadas. Un virus las ha quebrado. Se trata de un virus que se ha propagado a una velocidad alarmante, determinado por la gran interconexión mundial.

El virus ha afectado en Oriente, Oriente Medio y Occidente. No ha discriminado países, potencias económicas, razas, clases sociales, sexos, etc. El virus carga a estas alturas una gran carga de muertes y ha hecho ver que el planeta es una aldea.

La gravedad del Covid-19 y sus consecuencias son evidentes. Para enfrentarla se ha planteado como estrategia el “distanciamiento social”.

Se han planteado, como medidas preventivas, no estrechar las manos a otros, dejar los abrazos, no saludar de cerca, tomar distancia.

La situación ha hecho que se reduzcan los vínculos humanos e interacciones físicas.

La situación nos ha hecho esquivos al tocar objetos que han manipulado otros.

Esas disposiciones son comprensibles en la actual situación. Se justifica el aislamiento social. Obviamente, esto implica que los más necesitados de nuestra población, sean beneficiados efectivamente con las medidas anunciadas por el Ejecutivo, como forma de aminorar un nefasto impacto social con perspectiva de “poblada”.

Adelantándome a la situación, me pregunto cuál será el comportamiento de dominicanos y dominicanas una vez el coronavirus se convierta en un mal recuerdo. Creo que la respuesta se puede dar en dos direcciones: una primera dirección sería que se exacerbara la actitud de individualismo y de aislamiento respecto a los demás para alcanzar la protección propia.

En aras de evitar cualquier tipo de “contaminación” personal, se huiría de aglomeraciones o de contactos cercanos con extraños. Surgiría una especie de paranoia social que llevaría a eludir las personas desconocidas, los encuentros sociales, las celebraciones o los amontonamientos humanos.

Tomar esta dirección sería el agravamiento de muchas de nuestras más destacadas conductas antisociales y discriminatorias.

El otro curso a tomar, sería que con los meses, el Covid-19 y las disposiciones y conductas que supuso, sean vistos como cosas del pasado.

Así pronto volverían los abrazos, los apretones de manos y los besos de mejillas.

Con el tiempo se llenarían de nuevo, bulliciosamente, nuestras calles, oficinas, aulas de las escuelas y universidades, iglesias, estadios deportivos y centro de espectáculos.
Del Covid 19 no sólo esperamos tener una penosa memoria, derivada de la voluminosa cantidad de víctimas mortales, de las ansiedades y de los graves daños económicos, sino también, y sobre todo, el surgimiento de una sociedad más sensible, más justa, más solidaria, de mayor templanza y con una mayor actitud para cultivar los valores espirituales.

Una sociedad en que veamos en los demás al prójimo, donde nadie tenga el derecho de quitar el pan, la salud, la educación, ni a dañar el agua o envenenar el aire que respiramos.

Probablemente, nunca en la historia de nuestro país, los componentes de nuestras familias, nuclear o extendida, han tenido la oportunidad de estar más tiempo junto. Saquemos experiencias.

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