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Consejo de Ministros para entonar

La reunión del Consejo de Ministros para definir las líneas de acción del Gobierno en los próximos doce meses tiene un valor que va más allá de lo administrativo.

No se trata sólo de alinear cifras, proyectos y metas que ya están consignadas en el Presupuesto Nacional, sino de algo más complejo y decisivo, como es la conducción política, la coherencia institucional y la forma en que el Estado se relaciona día a día con los ciudadanos.

Un gobierno no se mide únicamente por lo que promete en sus documentos, sino por la armonía con la que actúa en la vida real. Cada ministro, cada director, cada funcionario es una nota dentro de una orquesta que dirige el Presidente de la República. Cuando esa orquesta toca en conjunto, el país percibe estabilidad, rumbo y confianza. Pero cuando aparecen los desentonos el efecto no se queda en el Palacio, sino que se siente en la calle, en los servicios que recibe la gente y en la credibilidad del Estado.

Los desajustes no sólo erosionan la popularidad del Gobierno o dañan su imagen. Afectan directamente la vida cotidiana de los ciudadanos. Un funcionario que actúa por cuenta propia o que se mueve por intereses particulares puede convertir una política pública en un problema, una solución en un obstáculo y una promesa en frustración.

El Presidente tiene la responsabilidad de lograr que todos toquen al mismo ritmo. Para eso no basta con reuniones ni con discursos. Hace falta liderazgo, coherencia y, cuando es necesario, decisiones firmes. Un tren gubernamental que avanza con vagones que van en direcciones distintas termina descarrilándose.
Ojalá los funcionarios entiendan que gobernar es una tarea colectiva y que el interés público exige disciplina, ética y coordinación.

Y ojalá también que el Presidente tenga la entereza de sustituir a quienes no estén dispuestos a afinar.

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