Conflictos en tiempo de pandemia en República Dominicana

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Alexis Rafael Peña.

Para leer y compartirla en las redes sociales en tiempo de cuaresma y semana santa. La pandemia se define como una enfermedad que “se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos”, la enfermedad no es como el conflicto en este caso. El conflicto puede tener solución a mediano, corto y largo plazo. Mientras que el coronavirus covid-19, le falta tiempo. Científicos de los 5 continentes están retados a presentar en el menor de los plazos, la cura a la enfermedad que ha puesto al mundo patas boca arriba.

Hurgando sobre su significado, he encontrado que la misma proviene del griego que la define como “la unión de todo un pueblo”. Si así como usted lo lee. Esta enfermedad viene hablándose de ella, desde noviembre en China y hasta hoy en todo el mundo, a “unido a todo un pueblo” en cuarentena.

En donde los conflictos, miles y miles de ellos postergados, han dado chance a la gente y autoridades. La gente por un lado, cree que sus controversias han ido a parar a un segundo plano y sus posibles soluciones están a expensa de la salud. Por el ritmo de los acontecimientos. Sin embargo, el conflicto solo está al acecho del primer postor.

La pandemia coincide este 2020 con la semana mayo, La Semana Santa. Tiempo que décadas atrás se realizaba como hoy en tiempo de covid-19, en casa. Solo hiendo al templo católico a escuchar las 7 palabras, peregrinación y las habichuelas con dulces. Cero romo, música acorde al tiempo de reflexión cristiana.

La situación del covid-19 en la República Dominicana en donde 1,956 han sido positivos; según el boletín 19 de hoy martes 7 y casi 4 mil ciudadanos han sido descartados de la enfermedad y 98 han sido los muertos; es normal que el conflicto en esas condiciones sea un acontecimiento de poca trascendencia.

Hoy la ciudadanía está centrada en su vida, en su seguridad, en su permanencia en este mundo. Además, las palabras más usadas en estos días trascienden al más allá, Dios. Jesús ven protégeme.

Ahora la gente se ha dado cuenta de los lazos familiares. La importancia que posee un fuerte apretón de manos. El abrazo como demostración de te quiero. Eres importante para mí.

La pandemia ha unido lo que la Iglesia no ha podido. La gente habla más de Dios, que de su artista preferido.

El covid-19 ha hecho lo que nunca se había hecho. Un espacio a la naturaleza. En donde las aves, insectos, roedores, ruiseñores, palomas, abejas, cotorras y otras aves ruidosas; expresen su alegría de vivir una pausa de un mundo consumista y contaminador.

Ojala que el conflicto no desaparezca como el covid-19. También, el covid-19 desaparezca a la persona. Sin persona nunca jamás existirá un conflicto en la tierra. Si desaparece la persona perece el conflicto.

Si perece el conflicto. Perece la paz. La convivencia, la creatividad y la oportunidad de ser un mundo diverso y complejo.

El mundo necesita del conflicto para sobrevivir. También del ser humano para compartir sus ideas, necesidades y opciones de lograr una sociedad pluralista, democrática y menos egoísta. En donde la economía se centre en la persona. No la persona en la economía.

El coronaviris covid-19 espera que la unión de los pueblos no sea una pandemia del momento, sino una pandemia de un mundo diferente al que meses atrás éramos. Competidores, traficantes, acaparadores, especuladores. Un mundo en donde se invierte miles de millones de dólares y euros a la guerra, obviando la guerra a la hambruna de miles y miles de personas.

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