Confesión de un regidor

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Con una desfachatez que espanta más que el hecho mismo, un regidor de Higüey confiesa que la recepción de sobornos para la aprobación de permisos municipales se produce con normalidad.

Durante una participación en un programa ese regidor señala, sin mayor desparpajo, cómo recibir dinero hasta para repartir entre sus colegas para él es algo tan natural que hasta lo hace parecer como “un derecho”.

 

El regidor de marras se pregunta que ¿dónde está el problema en que un político que está en una posición se busque su par de pesos?

La desfachatez con la que se expresa ese edil habla de la calidad de la representación municipal y la convicción de la inexistencia del régimen de consecuencias.

Una de sus expresiones la inicia con un: “aquí todo el mundo sabe…” para dejar sentado que las acciones a las que hace referencia son de conocimiento general.

Y de seguro que tiene razón.
Ese caso sirve solo de ejemplo de lo que ocurre en muchos ayuntamientos y en sus concejos de regidores.

Abundan los inversionistas que se han sentido extorsionados por instancias municipales y han preferido retirarse.
Es tiempo de mirar hacia esas instancias.

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