Concienciación ecológica

Una isla como la que comparten Haití y la República Dominicana está sometida constantemente a múltiples agresiones, individuales y de colectivos sociales, que presionados por la ley de la vida atentan contra su ecología.

La destrucción ecológica continental y la destrucción ecológica en una isla se manifiestan de diferentes formas. Son dos formas agresivas, pero en una isla los recursos naturales son menos y todo el sistema puede entrar en crisis de manera más acelerada.
La explotación de los ríos, la caza indiscriminada, la tala de árboles y, el más recurrido, de cinco años a esta parte: la fabricación masiva de carbón en áreas correspondientes al Parque Nacional Sierra de Bahoruco son, a corto plazo, una seria amenaza para el país, la isla y la región, ya que no estamos solos, formamos parte de una familia de islas que, ecológicamente, tienen un tronco común. El daño a una isla se traslada automáticamente a las demás islas mayores y menores del sistema conocido como Antillas mayores y menores.
En silencio se está produciendo una asociación de situaciones que apuntan a la agudización del problema. La fragilidad de nuestra frontera con Haití es el más grave de todos, ya que produce una inmigración fuera de control que se instala en el país y asesina nuestros campos y bosques.
Hay que insistir en una campaña de concienciación contra prácticas bárbaras en zonas protegidas. Hay que fortalecer los acuerdos fronterizos. El sistema ecológico de la isla está seriamente amenazado. La pobreza del presente, si no se corrige a tiempo, se podría convertir en la causa de nuestra miseria ecológica, al correr del presente siglo, dentro de varios años. Podemos impedirlo. Estamos a tiempo.