Miércoles, 16 de octubre, 2019 | 10:32 am

Con mordaza no



El que ejerce el oficio de la palabra debe levantar la voz y protestar cuando se trata de silenciar injusta y caprichosamente al otro.

Por eso protesto ante el intento de callarle la boca al periodista Marino Zapete y repetir con él lo que ha pasado en los últimos tiempos con otros comunicadores, caracterizados por las denuncias que hacen contra personas alojadas a la sombra del poder.

Amordazar los periodistas es una de las peores señales que pueden enviarse a la sociedad, porque suele presagiar tiempos trágicos y tenebrosos.

Consta en la historia que tras cometer el crimen de la anexión en de la República en 1861, el presidente Pedro Santana se regocijó en decirles a los nuevos dominadores, como la cosa mejor del mundo: “Aquí les entrego un país sin abogados ni periodistas”.

La tiranía de Rafael Trujillo fue precedida por el asesinato de un periodista, Virgilio Martínez Reyna, muerto en su casa de San José de las Matas junto a su esposa Altagracia Almánzar, que estaba en meses mayores de embarazo y tras ese crimen horroroso sabemos ya todo lo que sobrevino.

Un meritorio luchador revolucionario, abogado y también periodista, el inolvidable Guido Gil, desaparecido tras su apresamiento bajo el sol del mediodía el 17 de enero de 1967, fue una de las más renombradas víctimas que marcó el inicio de la larga y despiadada represión del gobierno balaguerista de los doce años.

La maldad no se cura, sino con decirla, decía Martí, el apóstol de la independencia de Cuba. Marino Zapete ejerce su derecho y la denuncia allí donde él considera que aparece, a veces en un tono y con expresiones que uno no está obligado a compartir.

Pero la reacción de quienes se sientan perjudicados por lo que él diga no puede ser tratar de condenarlo al silencio, mucho menos cuando ahí están las leyes y los tribunales a los cuales debe acudir civilizadamente todo aquel que entienda que ha sido víctima de un agravio.

Y justamente, siguiendo la enseñanza de Martí, ahora que el mal de la represión y la censura amenazan con ponerle la mordaza a una voz libre, a todos nos corresponde protestar, darle solidaridad al atropellado y clamar porque se le respeten sus derechos y porque eso de ejercer presión desde el poder, para privar de de la palabra a un ciudadano, no siga repitiéndose.

Rafael Chaljub Mejìa

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