Con la honda de David

Rafael Chaljub Mejía
Rafael Chaljub Mejía

Sigamos alzando la voz por Cuba, siempre agredida y acosada y ahora amenazada de agresiones mayores por su enemigo de siempre. Porque en ese pequeño punto del planeta están en juego cosas muy importantes. Donald Trump ha instruido cargos judiciales contra el comandante Raúl Castro, líder de la revolución y símbolo del decoro y la dignidad de los pueblos de América. Y eso es mucho en tiempos de gobiernos dóciles al mandato imperialista.

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que llevan en sí mismo el decoro de muchos hombres”, dijo Martí. Raúl Castro es uno de ellos y por eso se busca rebajarlo. Difícilmente en Cuba, con Raúl, se repita la historia del secuestro impune del presidente Maduro y su compañera en Venezuela. Cuba es Cuba y Raúl es Raúl.

Por eso buscan infamarlo, violando el derecho a la justa fama y el bien ganado honor que él ha alcanzado, y sacan del baúl de los desperdicios el incidente de hace ya más de treinta años, en el cual murieron varios terroristas reincidentes, después de veinticinco incursiones contra el espacio aéreo cubano, cada una de ellas denunciadas ante las autoridades norteamericanas con las correspondientes pruebas y las condignas advertencias. En aquellos días se difundieron grabaciones con las advertencias disuasivas de las autoridades cubanas antes de ejercer su derecho a la defensa, frente al desafío temerario de los agresores.

Un acto de soberanía y legítima defensa de un Estado soberano. El mundo no puede regirse por unos códigos imperialistas, que le den derecho a un país a dictar leyes y aplicarlas más allá de sus fronteras, ni darle poder para organizar atentados y eliminar dignatarios y jefes de Estado en cualquier parte del mundo, como es el caso del Gobierno yanqui.

Asuntos de principio como esos, que van mucho más allá de conceptos ideológicos y apreciaciones sobre Cuba y su proceso, son los que están en juego en torno a Cuba y es inadmisible guardar silencio y dejar de pronunciarse.

Raúl Castro es un personaje de leyenda, “de esos que ya no vienen”, un símbolo de la resistencia y el honor y, con su carga de años y de méritos encima, hoy le ha tocado representar esos valores y librar una batalla más. No dudo de que saldrá victorioso como lo ha hecho siempre desde los tiempos del Moncada. Su honda es la de David y ese viejo y oxidado Goliat imperialista no podrá prevalecer contra ella.

Sobre el autor

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.