Con honores
A raíz de las inclemencias del tiempo, en los próximos días veremos las primeras acciones en materia de asistencia social del nuevo gobierno. Cabe recordar las diferencias entre la vocación de ayuda y la burda manipulación de los recursos estatales para proyección personal.
No existe mayor ejemplo de amor y desprendimiento que el que escenificó Dios al entregar a su hijo Jesús para que su sacrificio nos hiciera libres.
A partir de ese momento hemos conocido historias que nos han impactado, que erizan nuestra piel por el nivel de solidaridad que implican.
Es imposible pensar en ayudar a otro ser humano y no recordar a la beata Madre Teresa de Calcuta, cuyo natalicio conmemoramos el pasado día 26 de agosto. Esta mujer tocada por la inspiración divina, se hizo inmortal. Una de sus frases, recoge todo lo que ella representa:
No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar
Localmente, existen muchos ejemplos de verdadera vocación de ayuda; si pensáramos en niños podríamos hablar de doña Chucha, nombre de quien sin duda se asocia a infantes que no han tenido la mejor de las suertes.
Asimismo, es imposible no asociar al Dr. Cruz Jiminián al ejercicio gratuito de la práctica médica a favor de los que nada tienen.
Pero como los citados, hay miles de seres humanos, que sin ninguna publicidad, sin recursos, sin agendas ocultas, simplemente llevados por un deseo interior que se llama amor al prójimo, se sacrifican y sacrifican sus bienes, su familia, su salud, para hacer más humana la existencia de sus semejantes, así como la de otros seres vivientes.
Esas personas son las que son dignas de encomio, esas personas son las que merecen respeto y admiración, esas personas son las que con sus hechos se elevan por ante los demás.
Ayudar a otros con recursos ajenos, de paso, de todos nosotros, no implica sacrificio alguno. Peor aún, es reprochable que la propia acción de ayudar sea capitalizada para la exclusiva intención de promover figuras que por demás, no gozan de la mejor reputación en el manejo de los fondos públicos.
Decía Don Bosco: Las obras no son de caridad cuando se hacen por interés
Y en materia de interés, hay gente graduada con honores