Las dificultades de la Procuraduría General de la República para poner el pie en el pescuezo del monstruo de la violencia en la sociedad dominicana de hoy pasan por un multiplicador que debe ser tomado en cuenta a la hora de optimizar esfuerzos y establecer estrategias frente a la criminalidad.
Este elemento que hoy día lo multiplica todo en el campo de la criminalidad es el tráfico difuso de drogas narcóticas.
Operaciones del fin de semana contra el narco en el Distrito Nacional, San Cristóbal y Peravia produjeron la incautación de 26.5 kilos drogas, según la DNCD.
Si los ponemos al lado de los 2 mil 112 kilos requisados en una embarcación en la costa sur del país, el día 16 de febrero pasado en las inmediaciones de la provincia Peravia, parecen poca cosa.
Si se sabe, en cambio, que las poco más de dos toneladas cortas incautadas en alta mar llevaron a la detención de seis personas y que en la operación del fin de semana las detenciones se elevaron a 71, podemos apreciar la dimensión social de cada una de estas dos operaciones.
Las bandas dedicadas al tráfico en grande pueden ser causa de violencia en la medida en que se enfrentan entre ellas o con las autoridades. Los traficantes que actúan en las calles siempre lo son.
El narco en cualquiera de sus formas afecta la paz social, la familia, y corrompe la moral en las instituciones.
Medir su impacto debe ser relativamente fácil para la procuradora Yeni Berenice Reynoso, que debe saber que en 5 días, entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre, fueron requisados 136 kilos de cocaína, 27 de marihuana, 3 de crack, 3 de tusi y uno de éxtasis en operaciones en el Gran Santo Domingo, Peravia, Barahona y San Pedro de Macorís.
La paz social a la que aspira la procuradora general tiene en esta realidad un obstáculo poderoso y acaso la familia sería una buena aliada para combatirla, con tal de que todavía sea útil para la multiplicación de valores.
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