Cómo predicar la Resurrección de Jesús en un mundo amenazado de muerte 

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Para el mundo Cristiano acabamos de terminar el tiempo que llamamos cuaresma, cuarenta días de preparación a la Pascua de Jesús y la misma palabra Pascua lo indica todo; pasar de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del mundo de las tinieblas al mundo de la luz. Durante este tiempo se insistía mucho en el sacrificio, en el dolor, la penitencia, el ayuno. Una cuaresma con una connotación negativa, negra, oscura.

Pasado este tiempo entramos al tiempo pascual, donde la Iglesia nos regala 50 días para celebra, hacer fiesta, celebrar el misterio central de la vida cristiana: Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, a mí todo esto me ha tocado lo más profundo de mi corazón y tres temas me han hecho pensar y reflexionar profundamente:

1) Cómo seguir celebrando Eucaristías, misas donde comen del mismo pan el explotado y el explotador, cómo seguir celebrando eucaristías donde participan políticos y líderes que se dedican a mentir y a engañar al pueblo, cómo darle la comunión a un jefe de la policía que está metido en las mafias peores de este país. No Habrá primero que crear las condiciones para que esta celebración de la fraternidad se dé en condiciones de real fraternidad.

2) Cómo predicar la Cruz de Cristo en un mundo lleno de Crucificados, hombres y mujeres crucificados por el hambre, el analfabetismo, la falta de agua, de luz, de educación, de viviendas, crucificados y tener que escuchar las mentiras que a diarios se inventan lo políticos, para poder sostener un sistema que no hay como sostenerlo y que no resiste más mentiras y tantas desgracias juntas.

3) Cómo predicar la Resurrección de Jesús en un mundo, en un país amenazado de muerte colectiva, donde en los momentos actuales ni siquiera puedes caminar con libertad, pues te pueden asaltar, quitarte lo tuyo y en el peor de los casos quitarte la vida. En caso concreto en Cotuí, la Barry Gold amenaza con destruir todos los pueblos y ciudades de esa zona y con destruir todo y a todo aquel y aquellos que se opongan a su proyecto de destrucción. Me encontré con un Señor que había sido técnico en la parte final de la Rosario de Cotuí, me decía que tenía cáncer en la sangre fruto de los sulfuros y materiales con los cuales trabajaba y que ahora está abandonado a su propia suerte.

Pero en medio de todo eso seguimos diciendo que no muera la fe y que no muera la esperanza de que esto tiene que cambiar, que tienen que venir tiempos mejores, donde la fraternidad y la solidaridad sea lo que nos distinga como seres humanos. No olvidemos que los colonizadores se jodieron, jodiendo a otros.

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