Cómo languidece la cultura

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De un tiempo a esta parte vengo observando cómo las instituciones de Bellas Artes languidecen. Con la creación del Ministerio de Cultura pensábamos que íbamos a dejar el penoso estatus de “cenicienta cultural”, pero para sorpresa de muchos las cosas comenzaron a empeorar. ¿Como es posible que al día de hoy ninguna de las instituciones de Bellas Artes tenga fecha en su Auditorio?

Los cantantes liricos se presentaron en el Convento de los Dominicos, porque su auditorio estaba ocupado por una institución privada. Lo peor, sin embargo es que no existe una programación para Bellas Artes.

Los conciertos populares se volvieron un sueño, la Sinfonica no viaja ni el Coro Nacional, ni los cantantes liricos. El Teatro no viaja, ni el Ballet Folklórico .

Nos resta solamente recordar los conciertos de la Orquesta Sinfónica, con los maestros, Carlos Piantini, Julio D´ Wind, Fernando Geraldes, Rafael Villanueva, Jacinto Gimbernard y sobre todo con el pionero de los conciertos populares, el maestro Manuel Simó. El Coro Nacional en la frontera, los cantantes liricos dando conciertos educativos en las escuelas del interior, todo esto cuando integrábamos la nómina del hoy Minerd.

El maestro José Antonio Molina dirige la Orquesta Sinfónica y el único concierto que da en todo el año es el 21 enero en Higüey, y auspiciado por un banco. Lo ideal sería que la institución de Bellas Artes vuelva a caminar el país.
El Teatro Nacional puede producir sus óperas con un presupuesto especial como era antes.

En el Ministerio hay una empleomanía que se chupa el presupuesto; se han creado de forma increíble, instituciones paralelas y se ha abandonado Bellas Artes, Como consecuencia de esto, las subvenciones no llegan, y si llegan, llegan atrasadas. Se puede hacer mucho y gastar poco, aunque cultura se hace con dinero.

Hay que recordar que el Estado es dueño de las instituciones culturales. Don Pedro Vergés tiene un gran reto: rescatar las instituciones de Bellas Artes y llevarlas a su estado original. “Cultura para el pueblo”.

Y el caso que me toca muy cerca es el Centro Cultural Héctor J. Díaz de Azua, “kiosko cultural” si aplica el termino, pues no tiene subvención, teléfono, ni un administrativo. Así, desafortunadamente, cultura NO somos todos.

*Por Fausto Cepeda

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